Del crimen autorizado a la invasión concedida
- fermarcs779
- Jul 27, 2025
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Xochitl Patricia Campos López
En el complejo tablero de la seguridad en México, las voces críticas suelen ser incómodas. Una de las más incisivas es la de Osvaldo Zavala, cuya interpretación de las narrativas ofrece una lente perturbadora para comprender la realidad del narcotráfico y su relación con el poder. De la provocadora premisa de que "los cárteles no existen" a la advertencia sobre una "inminente invasión norteamericana", Zavala teje una narrativa que, lejos de ser contradictoria, revela una profunda coherencia en su crítica al Estado mexicano y su vínculo con el hegemón del norte.
La idea de que "los cárteles no existen" no es una negación de la violencia o de los grupos criminales, sino una deconstrucción del discurso oficial. Para Zavala, la figura del "cártel" es una construcción retórica: un enemigo magnificado y externalizado por el Estado para justificar políticas de militarización, desviar la atención de la corrupción estructural y mantener un statu quo beneficioso para ciertas élites. Este enfoque conecta con la noción de "crimen autorizado" propuesta por autores como Samuel Schmidt, quienes sugieren que, en México, ciertos actores criminales operan con la venia o la colusión tácita de sectores del poder. La debilidad del Estado, lejos de impedir esta dinámica, la propicia: al no poder imponer su autoridad en todo el territorio, el Estado "débil" recurre a narrativas que legitiman su acción (o inacción) y, paradójicamente, coexiste o se imbrica con esos mismos poderes fácticos.
La alarma de una "inminente invasión norteamericana" es el corolario lógico del análisis que propone Osvaldo Zavala. Si el "narco" es un mito funcional, creado en parte por la agenda de seguridad de Washington y adoptado por México, entonces la escalada de injerencia estadounidense es el paso siguiente. Las crecientes presiones norteamericanas sobre el fentanilo o la migración, y la retórica de considerar a los cárteles como "terroristas", son la antesala de una intervención más directa. Esta "invasión autorizada" sería el punto culminante de la subordinación mexicana, donde la supuesta incapacidad del gobierno para controlar su territorio justificaría una acción externa, convenientemente habilitada por la narrativa que el propio Estado mexicano (y sus predecesores) ayudó a construir.
Lo más sorprendente para muchos es que Zavala mantenga esta postura incluso bajo la administración de Morena, un gobierno que se autoproclama "transformador". Sin embargo, su crítica trasciende partidos. Zavala argumenta que, a pesar del discurso de "abrazos no balazos", la militarización del país se ha profundizado, y la cooperación con la agenda de seguridad estadounidense persiste. Esto, desde su óptica, convierte a Morena en funcional al mismo entramado que ha perpetuado la violencia y la dependencia.
Zavala obliga a cuestionar la raíz del problema del narcotráfico. No es solo una lucha contra organizaciones criminales, sino una batalla contra discursos impuestos, complicidades estructurales y una dinámica geopolítica que arrastra a México hacia escenarios cada vez más complejos y de menor soberanía. Su tesis, si bien dura, invita a una reflexión indispensable sobre la verdadera naturaleza del poder en México y la urgencia de desmantelar las narrativas que encapsulan a nuestro país como la Sicilia Norteamericana.
La idea de que México solo cambiará su "vocación criminal" si Estados Unidos lo necesita, subraya la profunda interdependencia y la influencia asimétrica entre ambos países. Las soluciones impulsadas externamente han perpetuado el problema, en lugar de resolverlo. Para un cambio profundo y sostenible, México necesitaría una transformación interna significativa que aborde sus propias fallas estructurales, más allá de la presión de su vecino.






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