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Ebrard se apega al liberalismo social

Diego Martín Velázquez Caballero

La video presentación intitulada “El Camino de México” que busca promocionar la trayectoria de Marcelo Ebrard como figura pública, en realidad muestra la distancia que tiene el excanciller mexicano de los principios que distinguen el gobierno de la Cuarta Transformación. El material pareciera estar dirigido para un sector electoral que busca la integración económica de México a los Estados Unidos, la promoción del capitalismo y el desarrollo de una modernización tecnológica en las áreas de seguridad y educación gubernamentales. Explica poco sobre labor social alguna que haya realizado el antiguo Jefe de Gobierno de la CDMX, incluso el tema del transporte público que podría haber resultado útil, no fue tomado en consideración -por ejemplo el tema del Metro-.

Desde su incorporación al equipo tecnocrático de Manuel Camacho Solís, Ebrard Casaubón apreció la política como un burócrata directivo. Es decir, guardando las debidas proporciones en lo que se denomina Despotismo Ilustrado, Ebrard como Camacho, desarrollan un pensamiento estratégico del gobierno alejado de la influencia que tiene la sociedad. Camacho apostó por la integración de un grupo compacto que se hiciera de las principales áreas del gobierno y que se volviera indispensable para quitarles la dirección y el control a los políticos empíricos; lo que finalmente ocurrió. Ebrard sigue siendo tecnotrónico, ahora digital y cibernético, confiando en que la inteligencia artificial puede sustituir el empirismo incluso en las relaciones con el imperialismo yanqui.

Marcelo olvida la lección de la política, como decía Jesús Reyes Heroles, ocurre con muchos. El tecnócrata dice cómo, pero el político dice cuando. Las dos cosas resultan indispensables en una sociedad como la mexicana, una nación severamente confrontada entre la república de los catrines y la república de los parias. Camacho Solís fue el artífice de una élite que se hizo con el poder desde el poder y busco la transformación desde dentro del sistema. Ebrard, como ocurrió con Camacho, fue expulsado del grupo tecnocrático y obligado a hacer política, a buscar entre los empíricos la supervivencia, y no le fue tan mal.

Ebrard, como otros aspirantes, debería reflexionar sobre la capacidad política que han desarrollado en estos tiempo y que les ha posicionado en los espacios más competitivos para conseguir la presidencia de la república. El ¿Por qué perdió Camacho?, de Márquez, debiera ser también un libro de cabecera para Ebrard Casaubón; más allá de acercarse a las camarillas del grupo político en el poder y de la oligarquía nacional, también es importante el acercamiento a las masas, el apego formal a los sectores populares y la construcción seria de políticas pública para un pueblo que tiene enormes brechas sociales.

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