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Eduardo Verástegui y la digitalización de las firmas

Diego Velázquez Caballero

El aspirante presidencial de las ultraderechas en México ha señalado que la tecnología disloca su propuesta de participación en las elecciones del 2024. Aunque restan un par de meses para que Verástegui reúna la cantidad de firmas electrónicas necesarias para cumplimentar los requisitos que el Instituto Nacional Electoral le exige, la tarea parece titánica sin el apoyo de los poderes fácticos; particularmente los religiosos y económicos.

¿Qué está sucediendo con los bastiones electorales de la ultraderecha? Pues nada. Que en verdad resulta complicado emplear las aplicaciones digitales, la plataforma del INE y el tiempo disponible de los simpatizantes en alguna organización, para incorporar individualmente el apoyo a candidatos o partidos. Una vez más, aunque los defensores del INE y sus elementos cibernéticos opinen lo contrario, es más que cierto el que se ha cerrado la puerta para formar nuevos partidos políticos, formalizar candidaturas independientes y apoyar causas sociales frente al gobierno mexicano.

Por más que el PRIANRD opine que el INE representa el cauce demócrata liberal por donde todos pueden participar en pro del interés mexicano; no es cierto. La tecnología del INE sirve para mantener el statu quo de la partidocracia contemporánea que niega la participación política, individual y organizada, en una forma más que totalitaria. La tecnología no puede ser un instrumento para excluir a las personas; sin embargo, en el caso de la participación política se puede atestiguar que perjudica el derecho legítimo a votar y ser votado.

Los candidatos ciudadanos no pueden participar frente al juicio tecnológico que representa la digitalización de los apoyos individuales. Las organizaciones que pretenden transformarse en partidos políticos a nivel regional o nacional, les resulta más que imposible realizar las asambleas o reunir la militancia indispensable para solventar los requisitos que las leyes electorales solicitan. Es tiempo de pensar en abrir las puertas del sistema electoral en nuestro país frente a una realidad de partidocracia y transfuguismo.

Mafias digitales y cabildeadores al servicio de los grupos internos del INE, alcanzan a cobrar varios millones de pesos para que se pueda competir con los partidos políticos tradicionales. Ocurre en el sistema de partidos lo mismo que en los campos donde algunos integrantes han estructurado el monopolio: futbol, transporte, televisión, radio o periódicos. Es necesario pagar derecho de piso costoso durante un largo periodo de tiempo para permanecer en el circuito, como se sigue haciendo en el caso de muchos notarios.

Una democracia que cierra las puertas no puede considerarse tal. De ahí que resulte indispensable modificar el sistema electoral en México y, dentro de este, las reglas para integrar, financiar partidos, así como el escabroso rubro de las candidaturas ciudadanas.

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