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El Atlantismo frente a Eurasia

Diego Martín Velázquez Caballero


La guerra en Ucrania provoca grandes paradojas que consolidan la ambigüedad del momento, pareciera que Rusia está comenzando a recuperar el territorio de la civilización eslavo-báltica y, por otra parte, Occidente hace avanzar el atlantismo a pesar de que la pandemia y la crisis económica representan severos problemas para todo el mundo.

La guerra Ucrania-Rusia probablemente está demostrando su verdadera cara radical, más allá de la disputa por “el corazón del mundo” en la gran isla continental, el propósito en conjunto es confrontarse con China o tratar de persuadirla para una cooperación entre súper potencias. Con la República Popular China, Norteamérica pretende lo que no pudo conseguir en el siglo XX; dominar el Pacifico. El orden anglosajón atlantista no ha podido someter el dominio asiático. Durante estos años primeros años del siglo XXI, ha logrado observarse que la cultura asiática empieza no solo adueñarse del pacífico sino a perfeccionar y construir una nueva ruta de la seda, para el Estado Profundo Norteamericano el enemigo no era Vladimir Putin o Rusia, sino el gigante asiático.

La crisis occidental es de gran calado y Norteamérica no quiere verlo, pues hacerlo implicaría aceptar que su economía está en declive y el imperialismo yankee no puede controlar el mundo.

Lo que en un momento parecía un nuevo desvarío de la Operación Barba Roja, revela escenarios y etapas ocultas, Estados Unidos se encuentra interviniendo en la guerra ucraniano-rusa para obtener financiamiento chino y resolver su crisis económica, e incluso construir una nueva diarquía con los asiáticos para gobernar al mundo.

En ambos escenarios América Latina y -particularmente México- se encuentran frente a una situación complicada. Si bien es cierto que la influencia China en América Latina ha sido escasa, a pesar de los enormes lazos raciales y culturales

que se extiende de manera milenaria; la presencia constante de Mister Danger en Hispanoamérica genera que, sea cual sea el escenario prospectivo, no podamos escapar de la hegemonía del Estado Norteamericano.

Quizás es tiempo de asumir la integración con Norteamérica y entender la imposibilidad de nuestras utopías históricas, religiosas, económicas y políticas. La guerra Ucrania-Rusia ha dejado una serie de muertes como producto de la ambición imperialista, es una lástima para la evolución humana que los intereses políticos priven sobre los humanos

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