El dilema mexicano del espíritu anglosajón

Diego Martín Velázquez Caballero


Rubén Darío significa a los Estados Unidos como Alejandro Nabucodonosor. Vladimir Putin actualiza la poesía del sublime nicaragüense al equiparar el imperialismo yanqui con la demencia senil del babilónico. La hegemonía estadounidense ha entrado en un laberinto sin salida donde quien paga ya no manda, ahora tiene que pagar para que no lo maten.

Cuando se analiza la situación de nuestro país y de Norteamérica, pareciera que estamos encerrados en un laberinto sin solución. La relación entre México y Estados Unidos es una incógnita que sólo resuelve el universo y de la que, seguramente, nadie se ve satisfecho a total plenitud.

Esta situación ya había ocurrido en el pasado mexicano de la Segunda Intervención Francesa y la Guerra Cristera. Nadie gana. Estados Unidos no va a permitir que México se consolide como un Estado soberano e independiente, pero tampoco dejará el territorio al garete para que algún enemigo importante lo tome. Por eso genera la división y apoya a todas las fuerzas políticas. La lucha por el poder en México es un empate con sabor a derrota, donde ninguna de las camarillas tiene la opción de aplastar a las otras por completo.

Pero el dilema mexicano no es propio de México nada más, esta situación de los empates con candado es una práctica de Estados Unidos para muchas sociedades y grupos, sobre todo en el financiamiento al terrorismo. Un caso singular lo representa la dictadura de Francisco Franco en España, obligada a coexistir con diversas fuerzas opositoras que, al mismo tiempo, eran protegidas de Estados Unidos. A Franco lo apoyaron nazis, ingleses y estadounidenses, de modo que al establecerse en el poder lograra sanear la política y economía; y trataron de eliminarlo cuando su hegemonía ya no les era conveniente. Sin embargo, el generalísimo se sostuvo hasta el final y construyó un equilibrio que mantuvo al franquismo como familia bajo el nuevo pacto que, de todas formas, ponía a España como subordinada a la geopolítica occidental. Los anglosajones son expertos en especular y crear estos escenarios de encierro para que ellos sean el fiel de la balanza y la opción terminante.

Las colonias de Inglaterra siempre sirvieron para desestabilizar regiones y ampliar el dominio anglosajón. Hoy en día, esa herencia para Estados Unidos sigue constituyendo las zonas de fractura que impiden la evolución de la geografía humana, histórica y cultural. La cultura anglosajona parece dispuesta a extinguir la humanidad para que ellos sobrevivan.

No obstante, ocurren dilemas como el mexicano o encerronas donde no hay posibilidad de especular más. Norteamérica sabe que si cae México, caen ellos. Y este conocimiento sirve como fuerza instrumental para todas partes. El caos de México siempre tendrá un límite, el que soporta Estados Unidos.

Inglaterra es una isla que puede darse el lujo de permitir que Rusia y Alemania dominen el continente europeo momentáneamente, en el futuro los enemistará cueste lo que cueste, como ocurrió en la Primera y Segunda Guerra Mundial.

Estados Unidos no es una isla, no puede configurarse como Islandia, Australia o Nueva Zelanda; que tienen el mar para separar a los diferentes. Estados Unidos concentra altas probabilidades de vivir un proceso como el de República Sudafricana que implicó la integración y el compartimiento del poder con las diferentes poblaciones raciales. Mientras Estados Unidos no entienda la interacción y continentalidad que obligatoriamente debe vivir, estará condenada al dilema mexicano. Estados Unidos perjudicará a México en tanto soporte que el lumpenproletariado mexicano llegué a su territorio.

La actual administración federal en México ha tratado de seguir la ruta de las medidas keynesianas que seguramente inspiraron el Brexit. En efecto, el neoliberalismo ha afectado profundamente a la sociedad, ha sufrido los enormes costos del capitalismo y, por esa razón, apenas se encuentra tratando de salir de una profunda espiral de corrupción, violencia y pobreza. Inglaterra ha cuestionado a Amlo, pero es probable que haya más similitud entre López Obrador y Boris Johnson. Inglaterra también ha dispuesto un camino opositor a la globalización desde hace un buen tiempo. Amlo ha sido coherente con esta perspectiva que cuestiona el libre mercado. Inglaterra coincide con dicha estrategia, han preferido no cooperar más con el financiamiento de la Europa común y esto es muestra de que las críticas hacia el neoliberalismo son correctas. Inglaterra se encontró con un exceso de contribuciones hacia la unidad comercial con Europa y, de manera inteligente, decidió abandonarla. No es una sociedad que convenga a la vida y al proyecto anglosajón. Inglaterra ha optado también por ralentizar el capitalismo de la globalización.