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Entre la Alianza Pragmática Polipartidista y el Partido Muégano

Diego Martín Velázquez Caballero

El Big Bang de las elecciones de 2018 no sólo arrasó con el sistema de partidos en México, terminó por generar un polo con enorme capacidad centrípeta o de atracción que podría regenerar el antiguo modelo de Partido Hegemónico y hacer de Morena, en efecto, la Cuarta Transformación del Partido Oficial.

La enorme legitimidad del lopezobradorismo, el bonapartismo del círculo interno morenista y el corporativismo renovado de los movimientos sociales, generaron un tándem de fuerzas que hacen sinergia en Morena y ahora lo convierten en un Partido Muégano. Regeneración Nacional no sólo se conduce como los tradicionales partidos escoba o recoge todo (catch all), debe destacarse también cierta capacidad cohesionadora para mantener unidos elementos distintos, como ocurre con el tradicional dulce mexicano. Ahora, Morena es el receptáculo de las fuerzas tradicionales y modernas de un neo populismo producto del multiverso de actores que implica el sistema político mexicano. En el muégano morenista caben todos: priistas, panistas, comunistas, ultraderechistas, caciques, socialdemócratas y súper cívicos, cada uno con su respectiva estructura electoral. La única consigna, además de la rentabilidad electoral, consiste en el apoyo total al líder nacionalista, que representa el Alfa y Omega de la coalición.

La alianza pragmática polipartidista del Frente Amplio por México, se estructuró en torno a la maximización de los beneficios del neoliberalismo neo extractivista; su principal ejemplo es el Pacto por México y, al parecer, el paréntesis donde quedó suspendida su propuesta política. Bursatilización de políticas públicas, desmantelamiento del Estado de Bienestar, neoliberalismo corruptor, sometimiento al imperialismo norteamericano, obediencia ciega a las políticas de seguridad estadounidenses y desarrollo del emprendedurismo político empresarial, fueron las banderas bajo las que se integraron PRI, PAN y PRD. No podrán salir de ahí y han sido víctimas de su propio pragmatismo, carecen de una plataforma electoral y una propuesta inteligente para motivar al electorado y ofrecer caminos viables entre neoliberalismo y populismo. La enorme distancia que mantiene respecto a Claudia Sheinbaum la candidata del FAM XX, es indicativa del desapego que tienen estas alianzas Frankenstein. El polipartidismo pragmático derivó en orfandad y soledad, hace falta mucho trabajo para reactivar sectores electorales que ahora están confundidos y desanimados, que preferentemente decidirán por el abstencionismo.

Los Partidos Cascajo se representan en la tradicional pipitilla de los institutos electorales bonsai locales y federales, constituyen la categoría de los elementos satélite de ambas coaliciones.

Movimiento Ciudadano, PT, PRD y algunos más, se han constituido en el escombro del sistema de partidos. No se trata de Partidos de vocación minoritaria, sino de actores que no cuentan para nada, pero significan compañía para impresionar al electorado. Son más un fardo que una posibilidad política. Y harán lo que sea para sobrevivir bajo una servidumbre prolongada, siempre que los umbrales electorales se lo permitan. Los partidos axiales manejan como mascotas a este tipo de organizaciones o clubes de opinión; sin embargo, han sido empleados para que ciertas oligarquías regionales sobrevivan y algunas figuras nacionales, como fue el caso de Ricardo Monreal, puedan suponer una participación nacional.

El histórico PRI ha quedado reducido a un Partido Zombie, en varias entidades se ha quedado sin militantes y parece cercana su muerte definitiva; aunque esto es un buen deseo más que la realidad concreta. Morena había invitado al antiguo Partido Oficial para corresponderse con su órbita, sin embargo, los priistas optaron por una independencia estéril donde representan un ornamento panista. Si antes el maridaje PRI-PAN dejaba a los blanquiazules como la esposa ingenua del priismo corruptor; ahora, como en la condición cíclica de todos los matrimonios, el orden se ha invertido y el PRI ha empoderado al PAN por sobrevivencia propia. El transfuguismo político o la colonización priista por medio de la emigración, está motivando la dispersión priista, la extinción del antiguo Partido de Estado. El PRI sólo sobrevivirá esta etapa en función del panismo que promueva.

El Partido Verde Ecologista de México, por su parte, gracias a la maximización de sus recursos, se constituye como el gran gorrón (free rider) de la transición mexicana y el sistema de partidos. Su oportunismo extremo le ha permitido venderse al mejor postor en todo momento y, aunque ha incrementado notoriamente su capacidad de influencia, resta saber si podrá ejercer algún veto contra el gobierno actual o transformarse en una opción real de poder. El Verde es un partido pragmático salvaje que el régimen necesita para impulsar algunas de sus propuestas, no obstante, sus servicios son altamente costosos y el apego del PVEM a la Cuarta Transformación implica una situación onerosa para la sociedad.

Con todo, después de las elecciones de este año, será importante promover reformas políticas que no solo mejoren el sistema electoral de nuestro país, sino que fortalezcan a los partidos políticos. No basta, en estas condiciones, con ganar en las urnas y aparentar competitividad, el riesgo de la democracia es real en todo el mundo y la crisis de los partidos frente al extremismo no es un cuento chino. Un sistema de partidos sano no se agota en los procesos electorales; implica la relación responsable de éstos con una sociedad atenta gracias a incentivos para la participación y, desde luego, la certeza de una real intervención en la toma de decisiones y en la elección de representantes. La hegemonía morenista no debe implicar uniformidad absoluta ni masificaciones al estilo del justicialismo de la primera mitad del siglo XX. México ya cambió y por salud requiere opciones partidistas diferentes.

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