Escudo de las Américas: El guante deterciopelo sobre el puño de hierro
- Mar 11
- 3 min read
Pablo Cabañas Díaz
La reciente advertencia de Donald Trump hacia la administración de Claudia Sheinbaum, condicionando la estabilidad de la relación bilateral a una capitulación en materia de control fronterizo y seguridad interna, no es un exabrupto retórico, sino la punta de lanza de una sentencia de continuidad histórica.
Este emplazamiento directo marca el inicio del proyecto bautizado como “Escudo de las Américas”, el cual constituye la articulación contemporánea de una voluntad de ordenamiento continental dictada desde la Casa Blanca.
Se trata de un sistema donde la seguridad compartida funciona como discurso operativo, mientras que la determinación de las zonas de influencia permanece como el objetivo de fondo.
Es la persistencia de mecanismos de control que, bajo formas institucionales, mantienen la capacidad de ejercer fuerza directa cuando los intereses estratégicos así lo demandan.
Greg Grandin expone esta dinámica en su obra America, América: A New History of the New World («America, América: Una nueva historia del Nuevo Mundo”) publicado en 2025 y sin traducción al español todavía Este libro ha sido ampliamente reconocido en los círculos académicos y literarios de Estados Unidos, destacando por su profunda revisión de la hegemonía estadounidense, lo que le valió el prestigioso National Book Award y el Premio Pulitzer de Historia, consolidando a Grandin como una de las voces críticas más influyentes de la historiografía contemporánea.
Grandin sostiene que América Latina ha funcionado como el espacio de ensayo para las capacidades de proyección de poder de Estados Unidos.
Desde la Doctrina Monroe de 1823, el hemisferio se ha configurado a través de una relación asimétrica donde las estrategias de intervención y los mecanismos de control institucional se implementaron primero en la región antes de su aplicación a escala global.
La Doctrina Monroe, originada como un límite a la presencia europea, evolucionó hacia un principio de exclusividad regional.
El Destino Manifiesto fundamentó la expansión territorial hacia el suroeste, mientras que, en el siglo XX, el Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca de 1947 y la Organización de los Estados Americanos en 1948 formalizaron la estructura de seguridad bajo el liderazgo de Washington.
América Latina operó como el campo de prueba para modelos de contrainsurgencia y políticas económicas que posteriormente definieron la arquitectura de la gobernanza internacional.
En el contexto actual, la configuración del poder responde a la competencia con China, cuyo volumen comercial en la región alcanzó los 450 mil millones de dólares en 2023.
Esta presencia altera los equilibrios previos y genera en Washington una reevaluación de sus prioridades presupuestarias.
El gasto militar estadounidense, que se sitúa en los 900 mil millones de dólares, refleja la necesidad de asegurar líneas de control en lo que tradicionalmente se ha considerado su esfera de influencia inmediata.
México, con una interdependencia comercial de 800 mil millones de dólares anuales bajo el T-MEC, se localiza en el eje de esta presión, la cual se manifiesta a través de agendas específicas como el control del fentanilo, la gestión migratoria y el combate a organizaciones criminales.
La cumbre de Miami del 7 de marzo de 2026 evidenció la aplicación de esta doctrina mediante la formación de una coalición de gobiernos alineados y la exclusión de naciones que sostienen posturas de autonomía relativa, como Brasil, Colombia y México.
El intercambio entre Trump y la administración mexicana sobre la seguridad interna subraya una contradicción estructural: la demanda de intervención externa en el sur frente a la ausencia de regulaciones efectivas sobre el mercado de armas en el norte.
Esta asimetría define el límite de la cooperación bilateral actual.


Comments