top of page

Imaginemos que Xóchitl gana

Diario de un reportero


Miguel Molina


Más allá del hecho de que los aspirantes presidenciales han ignorado – por arrogancia, por ignorancia, por impudicia – la letra y el espíritu de las leyes que rigen o regían los procesos electorales, tendríamos que hacer un ejercicio de imaginación política sobre México.


Hay muchos para una sola silla. Los más son del partido en el poder, y la otra es Xóchitl Gálvez (aunque haya personajes de la oposición que crean tener la posibilidad de ser candidatos y ganar las elecciones presidenciales), pese a la guerra que le ha declarado Andrés Manuel López Obrador y quienes creen todo lo que él dice.


Como están las cosas, los mexicanos votarán contra la cuarta transformación o a favor de que las cosas sigan como han ido, y la brecha que separa a unos de otros será más grande no importa ya cómo voten. Allá ellos. El voto es libre y secreto. Pero todavía falta mucho para que la gente haga cola en las urnas, vote, y reciba un manchón de tinta en el dedo para que no pueda hacer trampas.


Decía en la entrega anterior de este diario que lo difícil ahora es darse cuenta de que la senadora Gálvez – más allá de sus orígenes, de sus logros en lo público y en lo privado, y de sus impecables respuestas a la diatribas presidenciales –

puede ser la candidata de una coalición de los partidos cuya corrupción cuando fueron gobierno contribuyó al triunfo de Morena. Xóchitl sola no basta.


Imaginemos que Xóchitl gana – nada más a ver qué pasa, como dijo cuando podía Trespatines – y que tiene que armar un gabinete en el que estén representados los cónyuges del matrimonio atroz entre el PRI, el PAN y el PRD, partidos cuyos orígenes y cuyos principios son incompatibles.


Lo que veríamos sería el primer gobierno de coalición propiamente dicho en la historia moderna del país. Y tendríamos que adivinar, porque el trabajo de dar opiniones incluye la adivinación, qué partido tendría qué, cuántas y cuáles secretarías serían para cada quién, cosas que antes no se habían visto. La lista es larga. Hay veintitantas secretarías e instituciones importantes.


Aquí se abre la puerta a la imaginación política. Quién va a estar a cargo de la a política interior, quién de la educación, quién de la mermada salud, quién la defensa ahora contratista, quién del olvidado medio ambiente, quién de las deterioradas relaciones exteriores, quién de la energía, quién de qué cosa. Y uno no sabe ni se atreve a imaginar si esos o esas van a aplicar la ideología de su partido o van a seguir una línea directamente de la presidencia.


Gobernar no es fácil, pero nadie dijo que era fácil (con la honrosa excepción de los expertos a la hora del amigo). Y el trabajo se volvería más difícil si hubiera que dar tantas secretarías al PAN, tantas al PRI, y tantas al PRD, más lo que se acumule de aquí a la hipotética toma de posesión. Imaginar la política de pronto se convierte en un ejercicio difícil. Qué vaina.



Desde el balcón

Uno sale al balcón, ahora tibio después de las lloviznas de ayer y de antier, armado con una copa de malta que pasó catorce años en barricas de jerez y de roble, siete y siete, y oye de nuevo a los pájaros que cantan su libertad entre los árboles, y cierra los ojos y sonríe. Es julio todavía, uno es menos joven. Ah, la vida..

Comments


bottom of page