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La apuesta


La pandemia y sus vacunas son una muestra fehaciente del egoísmo en el mundo.

Los gobiernos se están jugando su futuro y viabilidad al hecho de poder vacunar a su población lo más rápido posible y esto ha provocado abusos en muchas esferas.

La primera y más dolorosa es que las vacunas se concentran en los países más ricos, son 10 los países afortunados para poder vacunar con rapidez a su población y no van a voltear a ver al mundo hasta que no estén del todo protegidos, lo que sin duda causará muertes y sufrimiento en muchas partes.

Segundo, frente al peligro profundo del virus, muchos funcionarios y políticos están dispuestos a jugarse las carreras para poder protegerse y proteger a sus familias.

Así lo que destaca es una solidaridad cero y la norma que marca la realidad es que el que tiene más saliva traga más vacunas.

Una de las consecuencias de la pandemia es que está mostrando la peor cara posible de una humanidad que cada día está más deshumanizada.

El mundo ha perdido de esa manera la apuesta por la decencia y el amor al prójimo.


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