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La demagogia de los gobiernos de coalición como crisis de los partidos

Carlos Ramírez

El modelo de los gobiernos de coalición fue un invento del PRI cuando perdió las elecciones presidenciales en el 2000 y encontró el argumento para seguir gobernando desde la oposición en los dos gobiernos panistas y con la complicidad de la oposición en la presidencia de Peña Nieto.

Los gobiernos de coalición han existido desde 1952 con la alianza del PRI y el Partido Nacionalista Mexicano de grupos católicos, de manera formal desde 1958 con las candidaturas presidenciales del PRI-PARM-PPS y desde entonces hasta el 2018 con la sola excepción de 1994 y 2006 en que el PRI y el PAN participaron en solitario.

Y si bien no fueron coaliciones formales como las que mandata hoy la Constitución, al final se trataron de programas de gobierno coincidentes que de alguna u otra manera presentaban diferentes partidos.

La peor candidatura presidencial de coalición --aunque se perfilaba como la más audaz y moderna-- fue la de la alianza PAN-PRD de 2018, porque al final el candidato panista Ricardo Anaya Cortés nunca entendió que era coalicionista e hizo su campaña sin tomar en cuenta a un PRD ya sin la influencia de Cuauhtémoc Cárdenas ni de López Obrador.

Se pueden analizar cuanto menos cuatro grandes propuestas exitosas de gobiernos de coalición: el compromiso histórico del Partido Comunista Italiano y su enemigo histórico el Partido Demócrata Cristiano, el programa común del Partido Comunista de Francia y el Partido Socialista Francés, la PlataJunta de España que conjuntó a todo el espectro ideológico desde monárquicos hasta comunistas para preparar la sustitución de Franco y el Frente Amplio uruguayo de tipo progresista.

El Gobierno de coalición nació de la bancada priista en la Cámara de Diputados después de la derrota del 2000 y quiso más bien colocar al PRI no en una coalición programática, sino en un entendimiento de complicidades para permitir la gobernabilidad opositora, aunque en los hechos los priistas fueron bastante hábiles para contener y obstaculizar las propuestas del PAN en los gobiernos de Fox y Calderón.

La figura mediática de Peña Nieto sirvió para construir un gobierno de coalición a posteriori --es decir: después de la derrota electoral opositora-- para concitar el apoyo del PAN conservador en el Pacto por México que representó una segunda generación de reformas neoliberales que el PRI no podía aprobar por falta de votos y que sólo con la alianza del PAN pudieron salir, atrapando el Partido de los Chuchos ya en plena pérdida del rumbo ideológico --locura brujular de la izquierda socialista, le llamó José Revueltas-- y el presidente de la mesa directiva que condujo los cambios fue el entonces naciente joven maravilla Ricardo Anaya Cortés, aplastando a la fracción cardenista-lopezobradorista que se movía en el PRD.

El PRI en proceso de disolución ideológica y el PRD de los Chuchos en franca definición neoliberal de mercado quieren colgarse del furgón de cola del PAN con el engaño de un Gobierno de coalición, incluyendo la aprobación pomposa en el Senado del programa común. Pero el PAN, con habilidad maliciosa, ya opera con la malevolencia del viejo priismo para condicionar la coalición a una suma opositora bajo su liderazgo.

El PRI carece de estructura y le sobra maldad para cualquier coalición, en tanto que el PRD apuesta a su sobrevivencia a una coalición conducida por la derecha panista, ya en modo ultraderechista por los compromisos de Felipe Calderón con el Partido Popular y de la derecha parlamentaria con la organización fascistoide Vox.


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Política para dummies: La política, para acabar pronto, es poner la direccional con flecha a la izquierda, pero para dar vuelta a la derecha.


El contenido de esta columna es responsabilidad exclusiva del columnista y no del periódico que la publica.

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