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La democracia del INE no combina con la democracia popular

Diego Martín Velázquez Caballero

La democracia liberal no tiene buena cepa en la sociedad mexicana debido al sistema colonialista de castas; incluso esto lo saben sus defensores que representan no una clase social sino el vértice beneficiado por la pigmentocracia.

El IFE/INE fue un fracaso desde el principio, pero constituyó un nuevo espacio de negociación entre los partidos políticos y el PRI, entre los clerofascistas y los populistas, para realizar concertacesiones y graduar el impulso democrático radical de las masas. El pacto electoralista constituyó una manera de canovismo español, es decir, transar el poder en forma alternativa, como antes se había hecho dentro de la Familia Revolucionaria.

La democracia en México, por la naturaleza de sus relaciones sociales, se genera fuera de los partidos políticos y del INE. Incluso al margen del gobierno. Resulta corporativa, vecinal, populista, barrial, pueblerina, sindical, cooperativa y escolar. Las personas comunes desarrollan espacios de acción colectiva como pueden, porque los diferentes niveles gubernamentales no los atienden. La sociedad entendió que la “democracia vía elecciones competitivas” era el juego de los priistas convertidos en tránsfugas y aceptados por el PAN y PRD.

Mientras los poderes fácticos, institutos partidistas, medios de comunicación, intelectuales liberales y burocracia aspiracionista; defiende al INE pensando que México es Dinamarca o Estados Unidos, la sociedad mexicana sobrevive a la orfandad gubernamental de todos los partidos políticos e institutos autónomos.

La renuncia motu proprio de Jacobo Molina demuestra que el INE fue un espacio de saqueo y neoliberalismo corruptor, ni siquiera cuenta con la capacidad para defenderse. ¿Dónde están los “verdaderos demócratas”? El INE se autodestruye porque nunca defendió la democracia ni desarrolló una cultura cívica. Las facciones que controlaron el ámbito electoral institucional son golpistas o tramposos; incluso ambas cosas. Van al enfrentamiento directo con la presidencia de la república porque, como decía Lorenzo Córdova, no son iguales; son peores.

Pablo González Casanova ha insistido desde hace varios años en que la democracia mexicana no pasa por los partidos políticos, el gobierno y mucho menos el INE. Los mecanismos sociales participativos, colectivistas y mutualistas, existen independientemente de todos. Que sigan así para bien de todos.

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