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La expedición punitiva de Donald Trump hacia AL

  • fermarcs779
  • Aug 31, 2025
  • 2 min read

Xochitl Patricia Campos López


Aunque las amenazas de intervención militar por parte de Estados Unidos hacia algunos países latinoamericanos se intensifican, en realidad, son una exhibición de fuerza que revela tanto el poder como los límites de Washington. Si bien estas presiones protegen los intereses estadounidenses y fortalecen la imagen de Donald Trump como un nuevo Theodore Roosevelt, también señalan que las demostraciones innecesarias de poder solo fortalecen el sentimiento nacionalista en la región, permitiendo a los gobiernos de turno consolidarse y desviar la atención de sus propios errores.


El Pentágono parece más preocupado por justificar su presupuesto anual y la maquinaria de la economía de guerra estadounidense que por enfrentar el narcotráfico y el populismo que, en su opinión, azotan la región. La historia enseña que el intervencionismo estadounidense solo fue exitoso en el siglo XIX cuando se trataba de casos aislados o con líderes impopulares. Sin embargo, no puede lanzar una guerra total contra toda América Latina como lo ha hecho en Medio Oriente o el sur de Asia.


En momentos críticos de su historia, como la Rebelión Delahuertista y la Guerra Cristera, los generales Obregón y Calles aceptaron el apoyo militar de Estados Unidos para consolidar el gobierno de la Revolución, lo que permitió aislar a Washington de sus propios ideales. Este patrón de no subordinación a las intervenciones militares estadounidenses se mantuvo incluso durante los gobiernos neoliberales, y no ha existido otro líder como Manuel Ávila Camacho que acompañe a Estados Unidos en sus aventuras militares geopolíticas.


El discurso radical del gobierno de Nicolás Maduro en Venezuela ha advertido de una guerra total y, sorprendentemente, ha logrado que la sociedad se integre a las fuerzas populares para defenderse de una posible injerencia extranjera. Si Donald Trump pensó en un escenario como el de la invasión a Panamá para capturar a Manuel Noriega, se le hizo tarde. En Venezuela y México, los intereses de los grupos fácticos más poderosos, especialmente el narcotráfico, están perdiendo el respeto por la capacidad militar de Estados Unidos.


Como lo anticipara el poeta Rubén Darío, los pueblos de Latinoamérica están unidos para defender su soberanía. Su pasado ha forjado una resistencia que hará complicado un retorno al intervencionismo de antaño. México se encuentra en una situación similar a 1915, cuando las facciones revolucionarias, a pesar de sus diferencias, se unían para rechazar la intervención extranjera; prefirieron matarse antes de la llegada de los yanquis, y casi lo consiguen. Tendrían que pasar varios años antes de que los últimos líderes sobrevivientes pactaran con Estados Unidos. América Latina, en su complejidad y fragmentación, está forjando una resistencia que ha aprendido a rechazar las presiones externas.

 
 
 

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