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La inolvidable Lupita

Divagaciones de la Manzana

La inolvidable Lupita


Martha Chapa


Conocí primero a su madre que a ella. Cuando la vi por primera vez comprobé lo que tanto me decían: una mujer imponente, categórica, ingeniosa y carismática. Eso y mucho más era Guadalupe Marín, en ese entonces esposa de Diego Rivera. Empecé a tratarla y nos hicimos buenas amigas hasta que murió. En esa larga amistad fui testigo de importantes sucesos en el mundo de la cultura, además de muchas anécdotas personales. Cuento sólo hoy una que la pinta muy acabadamente: cuando me invito a una comida en su casa con un selecto grupo de artistas e intelectuales, me sentí muy halagada, aunque hizo la recomendación que fuera puntual y muy “arregladita”. Algo se atravesó ese día y llegué más de una hora tarde, si bien iba de pantalón negro y una bonita blusa blanca, creyendo que mi presentación personal era como de etiqueta. Al llegar abrió la puerta de su casa y muy molesta me dijo “ya estamos comiendo y acomodé la mesa para los que sí estuvimos puntualmente… ya te tocará quedarte a comer para otra ocasión”, y remato: “vístete más elegantita y original porque la combinación que traes se parece a las meseras de un café de chinos”. Contrita y estupefacta regrese a mi casa. Pero la amistad siguió y llegó a adoptarme como una más de sus hijas, aun cuando el máximo regalo que me hizo fue presentarme a su hija Lupita.

Con el tiempo, surgió una amistad todavía más grande con la hija que con la madre, lo cual representó para mí un verdadero privilegio porque Guadalupe Rivera Marín me dió testimonio de una amistad ejemplar sobre todo de disfrutar y aprender tanto de su aguda inteligencia y sabia experiencia de la vida. Nuestros encuentros, reuniones sociales, confidencias y luchas comunes en favor de nuestro género se multiplicaron, y por igual se fortalecieron no sólo nuestros lazos a nivel personal sino igualmente entre nuestras respectivas familias. Una amiga y maestra a la que debo tanto y de ahí mi enorme tristeza de que haya partido, aun

cuando trataré de conservar con gozo y alegría su paso tan pleno por la vida, llena de realizaciones, sabiduría e invaluables herencias que deja a nuestro México.

Gracias siempre gracias querida y admirada Lupita y que te encuentres donde quieras estar muy feliz y luminosa junto a tus seres más queridos.

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