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La sucesión morenista en conflicto

Diego Martín Velázquez Caballero

Por lo general imaginamos un sistema político aislado que requiere algunos cambios de ingeniería y diseño para conseguir una funcionalidad óptima; sin embargo, las cosas no son tan simples. Un sistema político no está cerrado y siempre permanece influido por diversos factores del ambiente. En México, por ejemplo, los cambios internos tienen poca utilidad si no están sincronizados con la agenda que plantea Norteamérica. La influencia de Estados Unidos en México tiene tal magnitud que pocas reformas alcanzan importancia si no obedecen la correlación de fuerzas establecida por el imperialismo yanqui.

La influencia del exterior parece querer robarle la sucesión al presidente López Obrador. A pesar del nacionalismo populista, la Cuarta Transformación no puede confrontar la hegemonía norteamericana por racionalidad funcionalista.

Los Estados Unidos y sus aliados tradicionales contra México: España y la Santa Sede, se han planteado la necesidad de purgar el régimen mexicano. Los rumores del intervencionismo y la injerencia guardan enorme similitud con las anécdotas de los sexenios echeverrista y lopezportillista, donde Norteamérica acosó a México hasta implantar el neoliberalismo.

La guerra de baja intensidad que vive México no la planteó López Obrador. El desarrollo del narcotráfico acompañó a la globalización neoliberal y es allí donde hay que buscar y encerrar a los responsables. El régimen priista fue una creación estadounidense para inhibir la ingobernabilidad y desorden de la revolución. La crisis del México actual la provocaron los neoliberales y el narcotráfico; por lo tanto, la intervención extranjera y la ayuda humanitaria correspondiente debieron darse en el sexenio de Enrique Peña Nieto.

Norteamérica busca los motivos para una intervención militar y el futuro desarrollo de centros penitenciarios basados en el paradigma Bukele que puedan también emplearse como campos de concentración para los migrantes.

Buscar el derrocamiento de AMLO o que el FAM alcance la presidencia, implica apostar –otra vez- por aquellos que más ingobernabilidad han causado: los responsables de la guerra contra el narco y la situación económica.

La Cuarta Transformación pretende desarrollar incentivos para la regeneración social mediante el impulso del estado de bienestar. El presidente López Obrador debe solicitar la ayuda humanitaria internacional, aceptar que México es un estado fallido y adelantarse a las expectativas de quienes buscan incendiar el país para motivar una invasión estadounidense y el colapso de la Cuarta Transformación.

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