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La teoría del Estado al final del neoliberalismo

Diego Martín Velázquez Caballero

¿Los organismos autónomos y cuerpos intermedios forman parte del Estado? En sentido estricto la respuesta es afirmativa, pero también es importante considerar la posición subordinada al respecto. De pronto se hace urgente repasar la teoría del Estado porque en la nueva doctrina defensiva de los organismos autónomos e independientes, se está confundiendo todo de una manera malintencionada.

¿Cuál es el sentido obsesivo de señalar que los organismos autónomos, independientes, descentralizados o públicos, son más Estado que el gobierno? En el pasado, era cuestión administrativa el cambio de nombres de los organismos de este tipo, su desaparición o creación. Una cosa verdaderamente grave sería la desaparición del gobierno, pues los organismos autónomos no tendrían la capacidad para generar gobernabilidad u orden, autoridad, legitimidad y control. Estos organismos no resultan importantes para cohesionar el país ni para coadyuvar al sistema político.

La discusión resulta importante de establecer porque hay una malicia grave por parte de constitucionalistas y politólogos apegados al PRIANRD y cada vez más distantes del análisis científico. No estaba equivocado Cesar Cansino cuando escribió respecto de la muerte de la ciencia política. A ultimas fechas la teoría del estado neoliberal terminará por considerar que la nación es también imaginaria.

El falso discurso civilista, autonomista, pseudo democrático y lamentablemente anti mexicano; oculta una veta autoritaria, reaccionaria, conservadora y filonazi. No existe en ellos el pensamiento liberal o anarquista, son conservadores de viejo y nuevo cuño. Razón por la cual su interés verdadero es destruir el Estado Mexicano.

Los nuevos artífices del espacio público están construyendo sendas retóricas antiestatales que hacen pasar, paradójicamente, por estatistas. Durante la prolongada noche neoliberal, se sostuvo con autoritario dogmatismo que no había cuestión más importante que disminuir al Estado, acorralarlo y transparentarlo por todas las vías posibles. Se hizo. ¿Sirvió para algo? ¿Se acuerdan de Enrique Peña Nieto? Los resultados están a la vista, el neoliberalismo desmanteló al Estado mexicano y creó un estado de bienestar para los empresarios oligárquicos, puso de rodillas a la sociedad mexicana frente a los poderes fácticos y dispuso una burocracia dorada experta en el contubernio y la concertacesión política. Todo lo anterior se ejecutó con base al argumento del enanismo liliputense de los mexicanos y la obra civilizatoria benigna del mercado. Su metodología sólo permitió el retorno del PRI. Y siguen hablando del Estado priista como lo mejor.

El sexenio peñanietista fue la resultante concreta de aquella dogmática neoliberal, por ello la sociedad decidió cambiar el modelo económico político en 2018. La sociedad eligió reconstruir el Estado de la revolución mexicana y limitar el poder de los bloques hegemónicos, mafias, empresarios y grupos de interés.

Los organismos autónomos se constituyeron como fachadas de un poder invisible que se dedicó a saquear y corromper todas las estructuras del Estado mexicano. Los primeros responsables del fango sobre la democracia y el terrible populismo, fueron los neoliberales. En lugar de seguir defendiendo las ínsulas de corrupción y saqueo que representan los organismos autónomos, lo mejor sería proponer un nuevo modelo de Estado, un Estado postneoliberal.

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