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Las reglas de la sucesión morena

  • fermarcs779
  • Jun 22, 2023
  • 4 min read

Xochitl Patricia Campos López

La peculiar relación entre el gobierno actual y la oposición en México confirma los vicios de la cultura política nacional, entre ellos la designación del sucesor del presidente de la república, casi por cualquier medio. Aún cuando la transición democrática ha avanzado, no sólo el Jefe del Estado busca prohijar y trascender mediante un heredero al país, -sobre todo cuando el presidente mezcla caudillismo y aceptación popular-, también la sociedad está a la espera del visto bueno por parte de quien se dispone a dejar la silla presidencial. La no reelección es una máxima del sistema político mexicano, pero algo debe saber quien ha estado más allá del cielo y el infierno, principalmente cuando sobrevivió con éxito. Al lado de esta práctica encontramos una regla de oro para observar la vida interna de todo partido político: los institutos partidistas son autocráticos, ya sea de forma velada o explícita.

El proceso electoral en México comienza, legalmente, en septiembre. Sin embargo, Morena inició la carrera por la sucesión en 2022, desde que el presidente de la república menciona veladamente a su personaje favorito, o bien guarda un silencio cómplice cuando se menciona o se le pregunta al respecto. De manera paralela afirma no entrometerse en tales asuntos ni como presidente ni como miembro de Morena; casi a diario toma su tiempo para hacer esta aclaración en cadena nacional, cuando también aprovecha para enumerar a los medios de comunicación que considera non gratos.

En medio de esta práctica, la semana pasada los aspirantes a la candidatura de Morena asumieron algunas reglas para la contienda interna: la selección será mediante encuestas que realizarán empresas elegidas por sorteo de entre aquellas propuestas por los aspirantes, a través de equipos que visitarán de forma aleatoria al ciudadano encuestado. En el proceso podrán contender sólo invitados, es decir, no cualquier militante del partido; los aspirantes deberán asumir los principios de la 4T, aceptar los resultados (que son inapelables) y apoyar a quien resulte ganador. Durante su campaña interna, los aspirantes y sus seguidores deben evitar debates públicos, confrontaciones y agresiones, así como acercamientos con medios reaccionarios, adversarios de la 4t y vinculados al viejo régimen.

Este procedimiento tiene, como puede observarse, algo de extravagante: en primer término, transforma una decisión vital para el país en un ejercicio de popularidad; además las reglas aceptadas -o impuestas- obligan a los aspirantes a comportarse como chicos buenos bajo elementos subjetivos que hacen casi imposible llamar a esto una competencia. Las reglas impuestas prevén premios de consolación para quienes no obtengan la candidatura, incluyendo su incorporación al gabinete, en caso de ganar la presidencia.

Las condiciones diseñadas por el propio presidente de la república han horrorizado a varios analistas, quienes parecen no conocer ni la historia de México ni las reglas básicas de la vida interna de los partidos políticos, de todos. Si bien muestran el carácter autocrático de Morena y de su fundador, nos ilustran sobre el proceso de institucionalización del partido, sobre la madurez de su militancia y, en general, sobre esa necesidad de liderazgos fuertes y sabios que solemos tener en México.

El PRI sólo fue el PRI, no hay más partido hegemónico, ni dictadura, ni presidencialismo metaconstitucional, ni régimen de la revolución mexicana; no obstante que los analistas taimados del círculo rojo pretendan confundir a la opinión pública. La mayor parte de los partidos políticos tienen una vertiente en la matriz priista, pero Morena está construyendo un proceso electoral innovador e histórico para los cuadros y tendencias del progresismo socialista democrático. El instituto político se apega a los usos y costumbres mexicanos porque hasta las administraciones foxista y calderonista intentaron la superposición, sólo que sus respectivos gobiernos no contaron con el apoyo social y de las distintas camarillas.

El reto es de alto riesgo para el partido morenista y la Cuarta Transformación, los diferentes proyectos y liderazgos que se coaligaron para conformar el Tándem que venció en 2018 y tiene de rodillas al sistema de partidos tradicional, ahora deben asimilar un proceso dialéctico y agonístico para procesar al mejor elemento que represente la continuidad. El círculo interno de Morena y los verdaderos jefes del partido tienen que manejar con sensatez y prudencia el proceso de competencia interna para evitar la interferencia, pero, principalmente, el secuestro de la designación para la candidatura presidencial.

Morena abre su proceso interno a la sociedad y, principalmente, a los movimientos sociales. De las bases y cuadros morenistas depende que el proceso no se contamine y, sobre todo, que los poderes fácticos e invisibles no cancelen la reconstrucción del Estado Mexicano que ha significado la transformación en el poder. El modelo neoliberal ha sido contenido por el actual gobierno, debido a su corrupción implícita, aporofobia, desapego nacional y entreguismo; corresponde a las fuerzas vivas, lideres puros e históricos del movimiento de regeneración nacional, que sea el pueblo quien apoye al mejor representante de la causa social, progresista y participativa.

Un sexenio no alcanza para que el Movimiento de Regeneración Nacional se institucionalice como los partidos históricos que tienen raíces en el siglo pasado y que, sobre todo por ese vínculo con el antiguo régimen, no pueden columbrar un futuro progresista mexicano. El proceso interno ya adquiere connotaciones de prueba de fuego para Morena y sólo un blindaje adecuado por sus liderazgos históricos evitará que el proceso de designación interna sea conducido desde la oposición. La segunda parte de la cuarta transformación esta precisando de una tendencia auténtica

y no puede reducirse a los intereses de una camarilla tránsfuga. La selección de la candidatura presidencial de Morena, corresponde a Morena, no al círculo rojo, el sector empresarial, la embajada de los Estados Unidos, los mass media, la jerarquía eclesial o el narcotráfico; estos actores perdieron en la elección del 2018 y la sociedad no admitirá actores políticos cuya nostalgia por el pasado neoliberal y proyanqui es más que evidente.

Morena tiene todas las posibilidades para ganar el próximo gobierno federal, pero puede perder su candidatura.

 
 
 

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