Lo necesario: cuándo y con qué

Diario de un reportero


Miguel Molina


Mientras se aplacan las declaraciones y se desahogan los recursos legales, mientras se olvidan los análisis que anunciaban victorias fáciles, mientras cada quién afirma que ganó y cada quién afirma que el otro perdió, mientras se olvidan los muertos, los heridos, los amenazados, los desaparecidos de antes y de ahora, los que sufrieron los ultrajes de la autoridad (que son más frecuentes y más serios que los ultrajes a la autoridad), mientras el tiempo pasa, la costumbre del poder hace que las cosas vuelvan a su sitio.

Ya era hora. Después de una eternidad que duró dos meses – minutos más o minutos menos – ya hay quienes representen el bien común en los tres niveles de gobierno en medio México, y para ellos se abrirán las puertas del poder y las arcas del presupuesto. Más temprano que tarde se sabrá cómo piensan usar el poder y para qué van a usar el presupuesto.

El proceso no será rápido ni cómodo, sobre todo para quienes dicen lo que piensan sin pensar lo que dicen en las redes sociales, que siguen llenas de ofensas y de mentiras – como pasa por debate político en esos rincones de la internet –, y de gacetillas mal disimuladas, y de acusaciones de corrupción porque unos no ganaron o porque otros no perdieron, y los iluminados regañan

e insultan a los ciudadanos que ejercieron su derecho a votar por quien les dio la gana...

Hay quienes basan sus argumentos en el hecho de sus redes sociales confirman lo que creen: que la mayoría está contra el gobierno, o que la mayoría está a favor del gobierno, aunque las opiniones que leen se limitan a la gente que conocen (no más de cinco mil en Facebook, por ejemplo). Lo único que se puede confirmar así es la intolerancia que abunda dentro y fuera de la internet.

El fin de semana tuve una conversación – por accidente – con una persona que me eliminó de sus redes. Le pregunté por qué. Es que tenemos diferencias políticas, me dijo. Me sentí bien. La intolerancia así da risa, aunque no todos los intolerantes son iguales.

Habría que ver

Ganó México, dicen unos, pero los resultados muestran un país que sigue políticamente dividido: ni hay tanta confianza en el gobierno ni la oposición fue tan fuerte. El gobierno sigue siendo gobierno y la oposición sigue siendo oposición. Lo demás es filigrana. Pero hay prisa, cierta prisa. En vez de discutir la victoria de fulano o la derrota de zutana, habría que ver cómo se va a hacer lo necesario, cuándo y con qué.

Lo que puede ver hasta ahora es que el gobierno tiene una idea de país que no ha logrado convencer a la mitad de los mexicanos, y no se sabe qué ideas tiene la oposición que mezcló a izquierdas con derechas, para ganar el poder donde sea, como sea, usando el descontento o la inconformidad. No podemos

construir el país que queremos porque estamos ocupados en descalificar a los otros.

Desde el balcón

Hace sol, y uno sale al balcón atraído por el barullo de una riña de urracas. Los pájaros vuelan de rama en rama, graznan su descontento, se persiguen en vuelos cortos y vertiginosos, y de vez en cuando dejan plumas en el aire, y el escándalo suma y sigue. Uno siente que el día se va hacia donde huyen los ávidos domingos/ y regresan, ya lunes, cabizbajos.

Del otro lado del mundo algunos votan. Después será lunes