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Manuel Buendía y el Reto Estadounidense

Diego Martín Velázquez Caballero

Durante estas fechas se recuerda en forma amarga, el acto criminal que le arrebató la vida a uno de los columnistas más importantes de la época contemporánea en nuestro país. Poco ha cambiado la situación de los periodistas mexicanos desde entonces.

A lo largo de estos años, diversos reportajes y análisis han evidenciado el triángulo Estados Unidos, Autoritarismo y Narcotráfico como detonante de la violencia que ha marcado nuestro país hasta configurarlo como una Narco República orientada hacia un Estado Fallido. La dictablanda mexicana perdió el control del país cuando acabó la Guerra Fría y se involucró en un laberinto de criminalidad que la hegemonía estadounidense reclama. México tiene una profunda cultura política parroquial y súbdito, pero Norteamérica define los límites del crecimiento, desarrollo y democracia para nuestro país.

El análisis que le costó la vida a Manuel Buendía evidenciaba las pistas que con el tiempo han mostrado a Estados Unidos como el verdadero narcoimperio que promueve las drogas y armas para beneficio de su hegemonía. El columnista señaló la conexión que vincula al imperialismo yanqui con el negocio de la criminalidad mediante la fachada del fascismo. Ahora es conocimiento del dominio público que Estados Unidos es el Cartel de Drogas más poderoso.

George Friedman debería leer a Manuel Buendía. Si todo el dinero que se concibe como producto del narcotráfico y la delincuencia organizada llegara a México, efectivamente el país hubiese salido del subdesarrollo y atraso hace décadas, la nación completa se hubiera urbanizado. El ingreso percápita de las narcoutilidades hubiera formado una clase empresarial más poderosa que los oligarcas rusos y seguramente el gobierno mexicano tendría las armas de destrucción masiva para confrontar a Norteamérica. Nada de eso es cierto. Al poco tiempo de andar las columnas de Red Privada, George Friedman se daría cuenta que su visión sobre México debe replantearse. Buendía demostró que los reagamaniacs nunca iban a solucionar la crisis económica y el déficit norteamericano que es el problema de fondo. El neoliberalismo se dedicó a sembrar grupos paramilitares abocados al trasiego de drogas y armas para financiar la hegemonía yanqui durante la globalización. La gran lavadora del narcotráfico se llama Pentágono y sus capos trabajan en la CIA. No es necesario tener todos los recursos de los que dispone George Friedman para comprobarlo.

La escuela periodística de Manuel Buendía ha permitido confirmar la huella del imperialismo yanqui en el sendero del narcotráfico y la inexistencia de los cárteles. La lección histórica de su trabajo es la necesidad de buscar un modelo de desarrollo alternativo a la dependencia y vocación que nos ha asignado Estados Unidos. México tiene la obligación de crear un modelo socioeconómico que disminuya la funesta narcoviolencia y la emigración excesiva de recursos humanos. Los terribles resultados económicos que sexenio tras sexenio acontecen para México, no van a cambiar por la voluntad de Estados Unidos. El pentagonismo también está acabando con la sociedad estadounidense y su liberalismo darwinista parece predestinado a la destrucción; pero México no tiene la capacidad económica y social para resistir un porvenir como ese.

México está obligado a replantearse su relación con Estados Unidos más allá del nacionalismo populista y la ideología reaccionaria. Ni la derecha ni la izquierda podrán gobernar México si

primero no entienden los intereses de Norteamérica. La Unión Americana se dirige a una guerra civilizatoria que puede tener los costos más altos para México, incluso puede afirmarse que se están pagando desde ahora. Los intelectuales del stablishment wasp quieren que las cosas se pongan peor y nunca van a reconocer los hallazgos significativos que hacen investigadores como Manuel Buendía. Mientras la clase política mexicana no sea capaz de plantear un juego colaborativo con Estados Unidos mediante los incentivos adecuados, que pasan por consolidar el Estado, la justicia así como la democracia liberal, el cartel norteamericano seguirá cobrando elevadas cuotas del derecho de piso.

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