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Movimiento Ciudadano y la sucesión presidencial

Xochitl Patricia Campos López


Samuel García y Marcelo Ebrard hicieron su aparición como probables candidatos del movimiento naranja a la presidencia de la república. La situación no coadyuva a mejorar electoralmente el nivel del partido, su líder Dante Delgado hizo una apuesta por una ruta que no coincide por el Frente Amplio y tampoco por Morena. Dicho instituto politico tiene que construir una plataforma política creativa e inteligente para atraer un electorado que parece distante suyo.

La crisis de los partidos políticos en el mundo sigue siendo mayor y, para el caso mexicano, arrastra a los partidos pequeños. Marcelo Ebrard tendría rentabilidad si sale de Morena y va hacia el Partido Verde Ecologista de México; aunque el hecho parece imposible dado el pragmatismo de los verdes mexicanos. Movimiento Ciudadano quizá tendría mayor impacto electoral con la Primera Dama de Nuevo León que con el mismo Samuel. Mariana Rodríguez constituye uno de los fenómenos de la efebocracia que podría atraer el electorado ingenuo e inocente que tanto benefició al PVEM. El reto para MC es la supervivencia misma.

El otrora Convergencia por la Democracia se olvidó del trabajo de estructuras organizativas y formación de militancias para desarrollar un voto duro que detonara simpatizantes o electores volátiles de diferentes sectores sociales. Aunque todos los institutos políticos tienden a la oligarquía, lo que ocurrió con los naranjas fue un proceso de caciquismo y clientelismo que no se corresponde con la mercadotecnia empleada. Por más burdo y primitivo que parezca, el neuromarketing empleado por PVEM tuvo mayor impacto. La fragmentación de MC por los intereses selectivos de las pocas tendencias que lo constituyen podría afectar la institucionalidad y reducir el partido sólo a la figura de su longevo cacique.

Movimiento Ciudadano requiere una renovación total y la regeneración de sus cuadros dirigentes. Como en el caso del PRD y próximamente el PT, sólo son esperpentos de franquicia electoral en manos de líderes necios y sin ánimos de cambio. Dante Delgado es el Pedro Páramo de una organización que ni vendiéndose a la ultraderecha jaliciense y neolonesa tiene salvación; lo mismo ocurre con otros aspirantes locales que pretende transfugar, aunque sin poderles ofrecer estructura, militancia o electores, sólo liderazgos arcaicos y primitivos como él. ¿Qué sentido tiene la candidatura de Marcelo Ebrard o Samuel García en un instituto así? Ninguna. Lo más conveniente para ambos deviene en formar sus propios partidos y caminar la larga marcha de la organización partidaria como lo dice AMLO.

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