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Muchas cosas dirán

Diario de un reportero


Miguel Molina


Lo que viene es el triunfo de la esperanza sobre la experiencia. Las candidatas y los candidatos de cualquier color dirán que buscan el bien de la patria y que van a trabajar para el mejor servicio de la nación. Dirán también que el país está mejor que antes o que el país está peor que antes. Muchas cosas dirán, y prometerán que todo va a ser diferente, o que todo va a seguir como hasta ahora.


Pero no dirán qué van a hacer para que las cosas cambien. Una – ya sabemos quién – dirá que la cuarta transformación va a continuar como hemos visto, y que todo será como fue desde hace cinco años. Otra – ya sabemos quién – dirá que nada ha valido la pena y que los partidos que agobiaron a la nación ya son otros.


No hay para dónde correr. Hasta ahora no se sabe qué proponen las aspirantes a la Presidencia, ni nadie tiene idea – que se conozca – de qué hacer para que la vida en México valga la pena, ni el poder para hacer frente a la violencia del narcotráfico, regularizar los servicios de salud, reparar el sistema educativo, crear empleos dignos, o mantener el ritmo de los programas sociales que dan algo a quienes no tenían nada. Cosas así.


Si uno mira bien, muchos de quienes tendrán que hacer posible lo necesario han contribuido – en otro tiempo, desde otro partido – a que el país sea lo que es y esté como está. Son los mismos. Han sido, son y serán funcionarios de gobiernos que no pudieron.


Uno ve a los suspirantes – ellas a la Presidencia y otras ellas y otros ellos que buscan cualquier otra cosa – en las redes sociales, lee sus boletines de prensa, oye fragmentos de sus homilías, y no encuentra sustancia en lo que dicen. El discurso político – hasta ahora – está limitado a declaraciones genéricas y promesas vagas de quienes quieren ser algo a costa de lo que sea.


Tal vez llegará el momento en que unas y otros expliquen qué quieren hacer, qué piensan hacer, y qué pueden hacer si el voto popular les favorece. Y de que la propia sociedad civil los interrogue en foros públicos sobre sus planes y sus políticas, porque la vida de un estado es cosa de todos. Tal vez no, pero ojalá. Sería un buen principio.


Desde el balcón

Es una tarde fría y callada. Los insectos no se atreven a romper el silencio, y quienes caminan por la vereda hablan en voz baja. Oscurece. Uno mira hacia arriba, y busca a Plutón, a Saturno, a Neptuno, sin encontrarlos donde están, en un cielo con algunas estrellas, más allá de la vista de los ojos.


La malta es suave y tibia, y luego la oscuridad lo llena todo. Uno sabe que se acabó el miércoles, y no le queda mucho al jueves, cuando el gobierno de Veracruz informe sobre la obra pública que ha hecho, cómo ha disminuido la

violencia, cuántas escuelas ha reparado, cómo ha reducido la contaminación de los ríos y los aires veracruzanos, y hasta puede ser que mencione cuántas multas les puso a cuántas empresas contaminantes y a cuántas clausuró, etcétera, etcétera, etcétera.


Después irán los secretarios de despacho – aunque no todos – a fingir que responden las preguntas que fingen hacer los diputados oficialistas. Algunos funcionarios llevan porras. Y en ese momento deja uno de pensar en las profundidades de la política mexicana y mira atentamente una chispa lejana en el cielo de la noche de noviembre. Es Saturno. La malta es suave y tibia. Etcétera.

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