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Polarización y fin de la hegemonía morena

Xochitl Patricia Campos López


Las elecciones de 2018 significaron el arribo –simbólico- de los grupos subalternos al poder, especialmente de una disidencia histórica que se encriptó bajo el concepto moreno.

El movimiento de regeneración nacional estuvo atento a impulsar los estamentos y castas dañados por la pigmentocracia oligárquica que significa el Modelo Habsburgo. Desafortunadamente, en México el criollismo se impondrá de nuevo en 2024. En el anecdotario quedará el momento de López Obrador -semejante a Vicente Fox- cuando le dijeron que podía destruir el viejo régimen y el presidente dijo que no. ¿Miedo? ¿Incompetencia? ¿Colonialismo? ¿Priismo? Fox, Salinas y AMLO tendrían un interesante diálogo en el infierno. AMLO no pudo corresponder plenamente con las raíces del pensamiento morenista; pero Sheinbaum parece ni siquiera conocerlas. Las posibilidades de una dominación basada en el consenso morenista-moreno, simplemente se desvanecen. El ataque al zapatismo por parte de AMLO demuestra que el presidente nunca comprendió la magnitud del concepto MORENO en México.

La dominación patrimonialista carismática en Hispanoamérica no permite que se desarrolle el Estado. El gran fracaso de la era neoliberal fue desarrollar instituciones a las que no se les permitió funcionar de manera libre y autónoma, pero, sobre todo, apegadas al estado de derecho. El modelo Habsburgo niega la posibilidad de que el contrato social se imponga, de que la secularización de la vida y la modernización avancen.

A menor desarrollo institucional, corresponde un mayor dominio carismático patrimonialista, una hegemonía populista plena. La Edad Media de los Latinoamericanos no permite que la democracia liberal capitalista se asiente y, así como estructuralismo, desarrollismo y neoliberalismo fracasaron en tal propósito; el populismo vuelve a quebrantarlo todo para empezar de cero.

Carlos Salinas de Gortari y Manuel Camacho Solís expresan cuáles son los obstáculos de la modernización política, económica y social de México; así como los límites antropológicos de una pretendida modernización. El país se condena al cambio sin ruptura, al gatopardismo permanente para la pervivencia del axolotismo, a la informalidad y patrimonialismo para ser la eterna Sicilia Norteamericana.

En la Puebla Levítica, por ejemplo, aunque los promotores del armentismo se empeñan en negar lo que para todos es evidente: el apego al marinismo y el impulso a un faccionalismo priista colaborador. La confrontación entre los equipos morenistas para presionar a José Chedraui Budib y descarrilarlo de la competencia interna morenista para alcanzar la presidencia municipal de la capital poblana, parecieran obedecer a una intentona marinista para favorecer al hijo de Mario Riestra Venegas, personaje altamente comprometido con el tema de los migrantes poblanos en Estados Unidos. Lo cual adelanta, otra vez, el vínculo del priismo con el trasiego de personas que viven en las zonas rurales de Puebla.

Frente a esta realidad que representa Morena, Claudia Rivera no sólo abraza al PRI, también sabe que no es competitiva en la capital ni en el estado. El radicalismo que dice representar se equivoca de época, Puebla ya no vive los años sesenta del siglo pasado; pero, además, los estudiantes no son el proletariado combativo y revolucionario que se imaginan. No es justo apostar por secuestrar las instituciones de educación superior para promover revoluciones falsas e injustas. La pandemia ha retrasado la educación mexicana más de quince años, las universidades necesitan capacitación, organización, eficacia; nada de revoluciones.

Morena está llena de contradicciones. El empeño en las mismas ha conseguido que la opinión pública atienda desde temáticas como el transfuguismo, las dudas en la competencia interna y la corrupción interna. A pesar de los escándalos, Morena se mantiene al frente de las encuestas y, en la desesperación de sus opositores, parece consolidar su camino hacia la sucesión del gobierno federal y diversos locales. Sin embargo, también se hace necesario reflexionar en la resaca respecto del primer gobierno morenista nacional.

La legitimación ideológica de Sheinbaum parece alejarse del morenismo populista hacia el feminismo ecologista, ¿tendrá esta doctrina la misma capacidad cohesionadora que la anterior? No lo parece. La candidata de Regeneración Nacional se encuentra igual o peor. ¿Cuál es la importancia de una científica en un país donde predomina el analfabetismo? Incluso eso contradice al propio AMLO, ¿qué no se trataba de lealtad más que capacidad? Ateniéndose a los hechos y la forma en que Morena se llena de mutantes priistas, Claudia Sheinbaum parece leal al transfuguismo, la tecnocracia, el viejo régimen priista y el poder. ¿Quién piensa que el ecologismo, feminismo y energías nuevas, pueden ser la cultura hegemónica el próximo sexenio? El humanismo es el aire en Latinoamérica, pero no es una hegemonía.

José López Portillo implementó una reforma electoral durante su mandato que, finalmente, constituyó la tablita salvadora para la corriente nacionalista del PRI, el cardenismo y las izquierdas disidentes; finalmente, parece que la historia se repite. El progresismo populista no parece tener éxito en el capitalismo dependiente de México.

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