Propuesta de política migratoria
- Mar 23
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Samuel Schmidt y Carlos Spector
Una propuesta de acción
La política inmigratoria de Estados Unidos ha afectado los derechos humanos al grado atrayendo la condena de organismos internacionales como Amnistía Internacional. Ha agredido el sistema constitucional de libertades, provoca sufrimiento económico, social y político, entre los inmigrantes y entre los estadounidenses, y no parece llevar a ningún lado.
Considerando que los acicates a la emigración persistirán, queremos proponer varias acciones para orientar el tema en otra dirección.
Crear un fondo de inversión bi-nacional para la promoción del desarrollo económico en los estados expulsores. A Estados Unidos le interesa el desarrollo de la industria de alta tecnología y con la seguridad nacional, esta se puede desarrollar en México. El desarrollo de esta industria conlleva trabajos calificados y salarios elevados, que ayudan a arraigar a la mano de obra. Con el efecto dispersor de la capacidad económica, si se empieza en cinco estados, se extenderá a sus vecinos y estas inversiones tendrían un fuerte impacto en la economía mexicana, en un plazo de diez años la emigración indocumentada estaría prácticamente resuelto, generaría opciones para mexicanos expulsados, así como atraer a mexicanos que viven en Estados Unidos sin necesidad de sufrir agresión policíaca; estos mexicanos llevarían nuevo conocimiento y algo de capital, lo que potenciaría los alcances de esta propuesta. Los fondos para este proyecto pueden tomarse de los recursos que se utilizan para la guerra de baja intensidad en la frontera y en la construcción y mantenimiento del muro fronterizo. Esta medida generaría un potencial de crecimiento para la economía de Estados Unidos fortaleciendo su posición mundial.
Mover los controles fronterizos 30 millas a norte y sur, generando una zona de integración que creara un potencial económico que amortiguara a la fuerza de trabajo que llega a la frontera. Este sistema atraería industria y generaría una gran capacidad económica. Las fronteras son porosas, pero con oportunidades de trabajo, la emigración indocumentada caería drásticamente y requeriría de una fuerza limitada de intervención para detener el contrabando.
Es fundamental una amnistía para que las comunidades asentadas en Estados Unidos trabajen en paz. Cesar las deportaciones masivas y facilitar procesos de regularización y ajuste de status. Estados Unidos debe invertir en programas de naturalización, reduciendo la inversión en armamento y manejo policíaco de la inmigración.
Abandonar la postura cínica que culpa a los países pobres expulsores de población mientras excusa a los países ricos, que han extraído la riqueza de esos países. Aceptar que la emigración es producto de desajustes estructurales con responsabilidades múltiples y compartidas, puede ser en un buen inicio para fomentar tolerancia y convivencia entre comunidades, desactivando la cultura del odio, lo que repercutirá en armonía dentro de Estados Unidos. Dejar de demonizar a la inmigración.
Articular una campaña de comunicación, enfatizando en los medios electrónicos, para desactivar la política de odio en contra de los inmigrantes. El gobierno de Estados Unidos debe reconocer las aportaciones económicas, sociales y culturales de las comunidades de inmigrantes.
El gobierno de Estados Unidos debe iniciar un perdón de sentencias a los inmigrantes cuyo “delito” fue cruzar indocumentados y facilitar programas de reunificación familiar.
Con Canadá Iniciar modelos de ocupación para países expulsores para distribuir continentalmente la ocupación de la gente.
Reconocer que los indocumentados son refugiados económicos, establecer fondos de compensación continentales para ayudarlos a encontrar ocupación, y ofrecerles buenas condiciones de integración social, económica y cultural mientras terminan de funcionar los programas de activación económica que se pondrán en marcha en los estados expulsores de mano de obra.
Acoger a los refugiados climáticos y Estados Unidos ratificar los acuerdos internacionales de reducción de emisión de gases, así como comprometerse a la defensa activa del medio ambiente.
Por último
Estados Unidos sostiene que México frene la emigración.
México debe luchar contra la pobreza, por la falta ética de condenar a decenas de millones de personas sin posibilidad de progresar, y ser inviable para el mercado. La pobreza ancla el despegue económico, y se convierte en un factor que eterniza el régimen de privilegio, pésima distribución de la riqueza y el ingreso que estimula la emigración.
El manejo y visión de la migración privilegia el asistencialismo, la continuación del clientelismo y los rasgos más perversos del autoritarismo. La pobreza se derrotará con democracia. Dice Antonio Hermosa indica que Inglaterra alumbró el asistencialismo, esa doctrina y prácticas sociales que confiere al pobre un derecho a que la sociedad provea sus necesidades. Anota que Tocqueville considera que el asistencialismo “se debe a su poder para abrogar la libertad de circulación del pobre... para reclamar el derecho a ser asistido es crucificarse de manera voluntaria a un determinado trozo de tierra... Toda medida que funde la asistencia legal sobre una base permanente y le dé una forma administrativa crea, pues, una clase ociosa y perezosa que vive a expensas de la clase industrial y trabajadora. El derecho que tiene el pobre a obtener los auxilios de su comunidad tiene esto de particular: que en lugar de elevar el corazón del hombre, lo rebaja... el resultado inevitable de la asistencia legal consistía en mantener en la ociosidad al mayor número de pobres... si esa ociosidad, digo, ha sido la madre de tantos vicios”.
La transición puede ser prolongada y tortuosa, pero es fundamental que mientras se alcanza la democracia, pensemos sobre la inmigración cambiando los paradigmas. Los españoles tratan de frenar la emigración africana con ayuda económica, y los inmigrantes deben tener beneficios como cualquier ciudadano, este es un discurso que Estados Unidos no quiere escuchar.
El aumento en la cantidad y calidad de la pobreza es imparable y es el factor primordial de expulsión, asociado con violencia. Esto cuestiona cualquier programa de “control” que se sustente en la premisa que se puede “sellar” fronteras y que roza la violación a los derechos humanos.
La continuación de la pobreza y deterioro ambiental debilitan a las economías y provocan migración de los pobres, clases medias y hasta elites educadas; la inviabilidad económica extiende sus tentáculos sin distingos de clases sociales. Un oncólogo infantil volvió a México para regresarse a Estados Unidos porque en México no se contaba con medicinas para tratar a sus pacientes y estudiar los casos (en la primera década del siglo). La fuga de cerebros se generaliza expulsando a los mejor preparados y se desperdicia la inversión en capital humano.
La emigración se cruza con el mundo delincuencial. Las redes de tráfico de personas son tan rentables como las de drogas. El mundo debe asumir una política de atención a las emigraciones y abordarlo como los desplazados de la tierra, los expulsados por injusticia, tanto del país que los expulsó como el que los recibe, explota y descarta cuando no les son útiles. Apoyamos el “derecho de emigrar” cuando uno lo desee y por el “derecho de quedarse” en condiciones favorables.
El mundo debe devolverle la dignidad a los trabajadores, que se desplazan para conquistar, aunque sea un poco, el futuro del que se les ha despojado.
@shmil50
Tomado de el libro, Tras el muro. Cámara de Diputados 2014.


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