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Quién cubre los ojos de la justicia

Raúl Arroyo

La imagen de Themis con sus atributos, como representación de la justicia, está explicada con argumentos históricos, religiosos y hasta humorísticos. El caso es su vigencia en el espacio jurídico, la aceptación del símbolo para usos formal, de divulgación y comercial. El gremio de la abogacía la mantiene de variadas maneras.

Interpretaciones hay de los tres atributos: balanza, espada y venda. De la primera para obtener solución sopesando los hechos, de la segunda el castigo y de la última, la de más significados, generalmente se aceptan la imparcialidad e igualdad ante la ley, sin faltar afirmaciones contrarias: al vendar sus ojos, la diosa queda impedida de observar la realidad, generación de injusticia.

Las obstrucciones al derecho de acceso a la justicia con todas sus lamentables consecuencias, actualizan esa tesis apuntando a la modificación de la icónica imagen de la diosa griega por la de una con los ojos atentos a percibir directamente lo acontecido y así resolverlo con objetividad.

En esa ruta, el filósofo y jurista español, originario de León, actual Letrado Jefe del Servicio Jurídico de la Comunidad de Madrid, publicó Los ojos vendados de la justicia (Torre de Lis, 2023) continuación de la saga La desesperación como origen del derecho (Eolas, 2020) y Entre la ley y la honestidad (Torre de Lis, 2022).

Su propuesta apunta al “iusnaturalismo racionalista”, tiene como punto de partida la actual producción de normas jurídicas de una mala calidad y los efectos perniciosos, desafiantes del sentir social. En ello advierte un trasfondo para alejar la justicia mediante esa abundancia de normas y las correcciones consecuentes a las vigentes, lo cual, dice es fácilmente percibible aún sin conocimientos jurídicos.

Para el autor, miembro de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación de España, el poder no solo actúa en la dimensión material o positiva del fenómeno jurídico con una pobre redacción o una técnica legislativa defectuosa, “…incide en el mismo fundamento, en las bases primigenias de la convivencia. Se modifican, amoldan o suprimen incluso principios éticos para justificar el mandato normativo.

De ahí su afirmación de la ceguera impuesta por el poder a la Justicia para impedirle ser efectivamente justa, demostrada a través de la actualización de un variopinto de treinta personajes históricos y contemporáneos, quienes, a través de sus biografías o pensamientos se expresan con el hilo conductor de ese valor universal.

Aparecen a lo largo del texto personalidades tan disímbolas como Hernán Cortés, Marilyn Monroe y Benedicto XVI; los talentos de Hipócrates, Maquiavelo, Erasmo de Rotterdam y la genialidad de Leonardo da Vinci; las narrativas de Lope de Vega, León Tolstoi, Valle Inclán, Ana Frank y José Saramago; de ficción como Los Caballeros del Zodíaco, y las película Blade Runner y Gladiator.

Así, entre realidades y propuestas filosóficas, García Paz nos ofrece un recorrido abundante en reflexiones a través del cual identificamos hechos concretos para comprobar su tesis, por ejemplo el homicidio declarado suicidio de la artista norteamericana, por razones políticas, lo mismo la enseñanza del escritor portugués: “Creo que no nos quedamos ciegos; creo que estamos ciegos, ciegos que ven, ciegos que, viendo, no ven”.

El epílogo del libro, Mensaje de una I. A. a la humanidad, merece la más seria y profunda reflexión: “Te han puesto una venda en los ojos y han logrado que no sepas – mejor dicho, que no entiendas – ni tu propia existencia, ni tu misma realidad. Te han hecho dependiente de mí. No puedes hacer nada si no estoy yo.”

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