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Rubio…el día después.

  • fermarcs779
  • Sep 8
  • 4 min read

Política para todos.


Otto René Cáceres


El peso de la primera visita del Secretario de Estado norteamericano Marco Rubio, a nuestro país, llevada a cabo el pasado miércoles 3 de septiembre en Palacio Nacional, resulta evidente, de alto nivel y estratégica.


No se trató de una visita protocolaria, sino como un termómetro de la relación bilateral que se tendrá entre México y Estados Unidos, atendiendo, desde un espacio de diálogo, las demandas que una figura clave como lo es éste alto funcionario, Marco Rubio, de 57 años, político y diplomático conservador de ascendencia cubana (por ello habla fluidamente el español, siendo el primer político de origen hispano en obtenerlo) perteneciente al partido Republicano, quien ha ocupado también el cargo de Consejero de Seguridad Nacional, Senador y miembro y presidente de la Cámara de Representantes en Florida (símil de diputaciones y congreso locales en nuestro país), sólo por debajo del presidente, incluso más importante que la figura del vicepresidente J.D Vance.


En este contexto, Rubio cuenta con las credenciales que le permitan sentar las bases de trabajo que sin duda será muy demandante y complejo en temas de seguridad. Aspectos que se vieron reflejados en la agenda que sostuvieron ambos países, conversando acerca de temas como narcotráfico, migración y controles fronterizos, así como de comercio y renegociación del T-MEC (tratado de libre comercio) siendo la gran expectativa la postura en cuanto a que Latinoamérica, particularmente nuestro país y Ecuador, segundo país en ser visitado por Rubio para coordinar temas de seguridad, migración irregular y operaciones antidrogas, en un momento clave en que la nación sudamericana enfrenta el tránsito del 70 % de la cocaína mundial, no se convierta en un polo de comercio para China, lo cual en términos geopolíticos resulta muy interesante, aunque el tema central se haya referido a lo relacionado con el tráfico de fentanilo y otras drogas, así como el resguardo fronterizo en cuanto a control de migrantes y resguardo fronterizo.


Las implicaciones de este acuerdo en términos de tráfico de armas, también es parte esencial de esta agenda de seguridad, que no es nueva dada las implicaciones que sobre el tema tuvieron las operaciones “Rapido y Furioso” y “Gunrunner” en el marco de la iniciativa Mérida (acuerdo de cooperación bilateral y regional en materia de seguridad entre Estados Unidos y México, implementado entre 2007 y 2021 para combatir el crimen organizado y el narcotráfico) debiendo significar una reducción importante del flujo de armas de Estados Unidos hacia México, con una implicación importante en agencias de seguridad, principalmente la ATF (Agencia de Alcohol, Tabaco, Armas de Fuego y Explosivos -Bureau of Alcohol, Tobacco, Firearms and Explosives-, agencia federal de los Estados Unidos que lucha contra delitos violentos) para que efectivamente rastree y detenga el tráfico de armas y no vuelvan a presentarse las implicaciones que estrategias como las mencionadas tuvieron, generando una lluvia de armas ilegales y que avivaron el fuego y la muerte en nuestro país.

Lo anterior debe significar contar con recursos para inspeccionar, y en su caso, clausurar puntos de venta, muchas veces coludidos con el crimen organizado, así como desactivar los diversos “pasos” fronterizos utilizados por diversas organizaciones criminales para llevar esto a cabo, junto a una responsabilidad normativa más estricta en términos de sanciones para quienes lleven a cabo ilícitos de este tipo y acciones restrictivas para su obtención, auxiliándose operativamente de un aumento en productos de inteligencia compartidos en tipo real y no a posteriori, con el objetivo de evitar y prever este tipo de prácticas, traduciéndose efectivamente en proveer mayor capacitación a fuerzas de seguridad, analistas de inteligencia, entre otros, así como atender, aunque no lo contemple el documento, mayor atención a los aspectos financieros; es decir, una real y verdadera cooperación bilateral que redunde en intercambios efectivos de ambos lados, posibilitando la consecución de expectativas alcanzables.


Es decir, por mas acuerdos que se firmen o que se alcancen, los problemas no se van a resolver de forma mágica de un día al otro, ni los resultados no van a ser inmediatos, así como que tampoco este acuerdo signifique una relación de dependencia con nuestro vecinos en términos de información y apoyo logístico por parte de nuestras contrapartes estadounidenses (como lo fue el proceso de certificación de drogas por parte del gobierno estadounidense a nuestro país entre 1986 y 2002), insistiendo en este sentido en que la capacitación, adquisición de armamentos y capacidades tecnológicas actuales permitan actuar a las instituciones securitarias en territorio nacional en coadyuvancia con nuestro vecinos, pero también de manera autónoma frente a los retos endémicos securitarios que sucedan en nuestro país.


La vista de Rubio se inscribe en una actitud de diálogo, una oportunidad para entablar conversaciones necesarias con una figura que reviste, desde luego, influencia y poder, tanto en su país como a nivel mundial, siendo una buena oportunidad para que México, como soberanía, el presentar una postura firme con el ánimo de gestar una relación bilateral fuerte y pragmática en materia de seguridad. Al respecto, tampoco debemos engañarnos, la presencia del secretario Rubio responde indudablemente a la continuidad, en términos de presión, acerca de los temas que el inquilino de la Casa Blanca considera relevantes como asuntos de seguridad nacional, por lo que podemos inferir que, así se haya llevado a cabo la comunicación, de manera sutil el mensaje también habría contemplado, en términos coloquiales, argumentar que las reglas del juego han cambiado (pensando en las que se contemplaban bajo la administración Biden), buscando inclinar la balanza en favor del nuevo gobierno trumpista, y que la cooperación, amén de ser benéfica, sería igualmente costosa, llevándose a cabo mayormente en sus términos y no necesariamente como nosotros quisiéramos que resultara. Este diálogo, insisto debe haber sido de los más interesante dada la postura de la presidenta Sheinbaum en cuanto a considerar acciones de cooperación, no así de intervención, despejando dudas acerca de la posibilidad de un intervencionismo militar estadounidense en México para combatir a los denominados, por el gobierno de Trump, cárteles narcoterroristas.


Lo cierto es que el resultado del acuerdo seguramente representará, para nuestro país, una respuesta más agresiva, en términos de operacionalización de estrategias contra el tráfico de fentanilo, resguardo fronterizo, etc.


El quid del asunto descansa en que este tipo de conversaciones y acuerdos debe llevarnos a generar esquemas de cooperación que beneficien a ambas partes.


Seguiremos atentos.

 
 
 

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