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Seguridad Nacional y Sucesión

  • fermarcs779
  • Oct 10, 2022
  • 2 min read

Diego Velázquez Caballero

Para Antonio Velasco Piña, la sentencia que caracterizó un axioma ideológico del régimen de la revolución mexicana: Sufragio Efectivo, No Reelección; caracterizaba un mandato que tutelaban las fuerzas armadas y significaba una amonestación para quien ocupara la presidencia de la república bajo la inquietud de la transexenalidad. Lo paradójico de esta creencia en la mecánica del sistema político mexicano es que se ha cumplido en la dimensión autoritaria y pluralista.

La vulnerabilidad evidenciada en la figura presidencial así como en la inteligencia nacional, se traduce en el abandono del apoyo castrense al Poder Ejecutivo y la preocupación de los poderes fácticos (particularmente Estados Unidos) por el sucesor de Andrés Manuel López Obrador. Al parecer, los ciberataques deben entenderse como una discordia frente a la opción que pretende seguir, a pie juntillas, los fundamentos de la Cuarta Transformación.

Los conflictos sucesorios en México, han ocasionado severas crisis sociales y de gobernabilidad. El círculo negro de Velasco Piña consideraba que, con todo y la injusticia que representaba el pacto de dominación mexicano, el sexenio era más que suficiente para que el presidente-dios mortal acometiera con sus actividades históricas. Para bien o mal, por salud de la sociedad mexicana, los seis años de un Sátrapa encajaban por todo.

Aunque estas perspectivas se corresponden con la política ficción, más allá de que estos procesos en verdad ocurran para descarrillar a la candidata mejor posicionada de Morena hacia ocupar la presidencia de la nación, resulta importante discutir la importancia de la transexenalidad de los proyectos de país que las facciones políticas desarrollan.

Aunque seis años parece un tiempo prolongado, las transformaciones que el país requieren sobrepasan la dimensión del mandato constitucional. Es importante considerar la dimensión temporal del régimen presidencial que tiene nuestro país y contemplar lo que sucede en Estados Unidos (quizá el único presidencialismo que sirve en el orbe). La reelección y mandatos cortos de gobierno, así como la revocación, son mecanismos inteligentes para reducir la mala influencia de los gobernantes y proteger a la sociedad.

Presionar y sabotear al presidente como se ha hecho hasta ahora, es un acto suicida que va a generar una polarización más fuerte que la fractura que las elecciones de 2006 y 2018 han dejado para todos. La facción del lopezobradorismo y la candidata preferida por AMLO a sucederlo, tienen que analizar correctamente la debilidad presidencial en contextos de multipartidismo y proponer mecanismos que generen gobernabilidad y Ejecutivos capaces de defenderse.

 
 
 

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