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Si los rusos aman a sus hijos...

Santiago Roi

Crecí en plena guerra fría. Me acostumbré a oír que los rusos eran la escoria, que se comían a los niños, que solo buscaban la perdición de la humanidad por mera maldad. Nunca se discutían posiciones políticas o diferencias de opinión; eran los tiempos de negro o blanco, no había matices. Es obvio que muchos fuimos dejando de creer en esas tonterías con la edad, veíamos que en el lado que nos había tocado nacer no todo era puro y bueno, y sospechábamos que en el otro debería haber cosas positivas; algunas de las que alcanzábamos a ver tenían relación con el arte: la música, la danza el cine; o bien con sus logros técnicos en el espacio o los deportivos en las justas internacionales. Aún así la guerra fría era el ejemplo de ese maniqueísmo que con excesiva frecuencia permea la política a todo nivel.


En 1985 el cantante inglés Sting publicó una canción llamada justamente Russians donde muestra de alguna manera lo absurdo de esas tajantes posiciones. Aunque la canción critica a ambos lados el estribillo afirma que si los rusos también aman a sus hijos deberíamos encontrar un vía de convivencia, mi impresión es que el texto parece estar mucho mas dirigido al auditorio de occidente. Una genialidad de Sting es que creó la canción sobre la música del Teniente Kije, de Sergei Procofiev un magnífico compositor ruso. Esta obra puede ser interpretada como una sutil crítica a las glorias de lo militar dado que el personaje principal, el teniente que le da nombre, de hecho no existe, pero su fama y sus hazañas crecen como la espuma gracias a una sucesión de lo que hoy llamaríamos “fake news”, y todo para evitar la furia de Zar.


Apenas unos años después, en 1991, la Unión Soviética desaparece. En principio es el fin de la guerra fría, no hay mas enemigo al frente, todos podemos descansar y ocuparnos, como sugiere Sting, en avanzar juntos. Y sin embargo no fue así.


Describir en detalle estos 30 años, de 1991 a 2022 llevará en un futuro muchas páginas y mucho trabajo de análisis de mucha gente, pero mientras eso llega nos encontramos metidos en otra guerra, esta vez nada fría puesto que al momento de escribir esto todavía hay tiros y bombardeos en Ucrania y mucha gente muere o es desplazada, pero lo que me admira personalmente es que aquel espíritu que adjudicaba toda la maldad a una raza o una posición política esta presente en todas las noticias y comentarios de la situación.


Me apresuro a decir que estoy lejos de ser un admirador de Putin, de hecho lo veo como una figura política bastante indefendible, pero a la vez estoy convencido que no hay negro o blanco en este asunto y me atrevo a pensar que mucho de la violenta reacción de Rusia, presidida por Putin, tiene una cierta base en el hartazgo ante situaciones que no se han podido o querido resolver. Como una especie de preludio a lo que hoy vivimos debo mencionar que ya me había llamado fuertemente la atención la desconfianza que mucha gente, al menos en mi entorno, había mostrado ante la vacuna rusa contra el covid-19, el argumento es que jamás se pondrían una vacuna de un “país comunista”. ¿Comunista Rusia? ¿Y sus famosos oligarcas, sus bancos, sus negocios, etc? Esto ya fue para mí una señal de que algo se estaba manipulando en la información: Rusia, por lo visto, seguía siendo el enemigo 30 años después, aun cuando su sistema cambió de manera muy notable y de hecho es bastante mas compatible, política y económicamente, con sus enemigos de hoy.


La segunda señal de que algo se cocinaba fue el empecinamiento del presidente americano en afirmar que Rusia preparaba la invasión. En mi opinión esta es una estrategia muy socorrida por los presidentes de los Estados Unidos cuando buscan mejorar su imagen o recuperar la confianza de su pueblo, o simplemente reunificarlo buscando un enemigo común a todas las posiciones políticas internas. Los ejemplos sobran, desde las armas de destrucción masiva a las etiquetas de terrorista colgadas a toda clase enemigos reales o ficticios.


En el caso de Rusia, en plena época de las comunicaciones casi instantáneas vía internet, no ha sido muy difícil enterarse de lo que realmente había detrás de la posición de Putin y mientras mas días pasan de la guerra y mas documentos e información salen a la luz, mas claro queda, al menos para mi, que esto fue una clara provocación. Insisto, las provocaciones son monedas de dos caras: el que la arma y el que la acepta, así que de ningún modo se puede exonerar a Putin al menos en ausencia de mas datos, pero si intentar poner las cosas en su justo término. Una buena parte de los reclamos del presidente ruso tienen que ver con el desarrollo de las cosas en los últimos 30 años. Está por supuesto la situación de los territorios de Lugansk y Donetsk dentro de la actual Ucrania que aspiran a ser independientes o al menos autónomos, y tienen una gran cantidad de ciudadanos de origen Ruso o pro-rusos. Este problema es viejo y se ha intentado resolver por la vía de los acuerdos de Minsk, que no se han respetado del todo. Este es un reclamo que no ha tenido respuesta hasta donde yo sé. Me llama la atención que se defiende el derecho a la autodeterminación de los pueblos cuando Ucrania pide entrar a la OTAN, pero no cuando estos territorios piden un cambio de status. De hecho lo mismo pasa con Escocia o Catalunya, por lo visto el concepto de “autodeterminación” no aplica igual para todos.


Sin embargo el reclamo mas importante fue justamente pedir que la OTAN ya no se siguiera extendiendo hacia el este y mucho menos que un vecino poco amigable, como lo es Ucrania para ellos, se convirtiera en socio. Esto debería ser facilísimo de entender, pero yo aún pondría otra pregunta mas obvia, robada a Noam Chomsky: ¿Porqué aun existe la OTAN, cual es el sentido?


Hoy sabemos que en algún momento, ante la desaparición de la Unión Soviética, se prometió no dejar crecer más a la OTAN, o no en la dirección al este. Esta promesa o compromiso no oficial nunca se cumplió, y en la actualidad el número de países, aun de antiguos miembros y aliados de la Unión Soviética, ha crecido considerablemente. Según he sabido en estos días, dado que Rusia no logró que la OTAN se desmantelara o al menos dejara de crecer como amenaza, solicitó su ingreso a ella. Este le fue denegado. De hecho también pidió entrar a la Comunidad Económica Europea y también se le rechazó. Es evidente que Rusia le funciona muy bien al occidente como enemigo, independientemente de su régimen político.

Pero ¿para qué necesita el Occidente un enemigo? Básicamente por dinero. La industria del armamento es un industria genial: sus productos son caros, los mas sofisticados de hecho son carísimos y aunque no se usen, las mejoras técnicas continuas obligan a reemplazarlos casi constantemente para no ser superados por el “enemigo”, por eso es necesario que exista uno. Sabiéndolo manejar es un negocio que no tiene fin y si muchas ganancias. Según hemos visto en los medios la OTAN también existe en alguna medida por eso: cada país nuevo que entra está obligado a cumplir ciertas condiciones que casi siempre se acaban traduciendo en modernizar su armamento. Y si la guerra llega a estallar, como ahora, es una super venta de fin de temporada, o casi. Me llamó poderosamente la atención que

en los medios se habla mucho mas de cuanto dinero para armas o lotes de armas se están enviando a Ucrania que de ayuda humanitaria.


A fin de cuentas yo me quedo con la impresión de que en muy buena medida esta estúpida guerra se la debemos a los negociantes de armas. Y sobre esto también hay una canción: Masters of War del Premio Nobel de Literatura Bob Dylan.

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