top of page

Texas (…) cabe aquí en mi corazón

Diego Martín Velázquez Caballero

Hemos conocido al estado de la estrella solitaria a la distancia, constituye uno de los espacios de la Unión Americana con mayor pertenencia para México, no sólo por haber formado parte de este y constituir uno de los traumas significativos de la identidad nacional sino porque es una de las principales comunidades receptoras de emigrantes mexicanos desde hace varias décadas, cuando no, siglos.

No obstante, la tierra de Arenita Mejillas representa la ambigüedad paradójica de la relación entre México y Estados Unidos. Fue un terruño olvidado por herencia de la desidia española que dio pauta para la guerra mexicana más abusiva y vergonzosa; sin embargo, ha devuelto tanto para México que, a veces, ya no se sabe si tiene sentido el memorándum histórico del rencor.

Las acciones del gobernador Greg Abbott para impulsar su candidatura a la presidencia de Estados Unidos adoptan los temas de la inmigración y el narcotráfico como estrategias locales de solución que podrían implementarse posteriormente, a su llegada en la Casa Blanca. Si funcionaran, incluso sería la mejor idea ofrecerle también la presidencia de la república mexicana, pero Abbott miente como lo hicieran Houston y Austin para doblegar al Gral. Antonio López de Santa Anna.

El liberalismo teológico norteamericano señala que es inútil pretender cambiar la naturaleza humana de las personas, por ello resulta adecuado convenir en intereses. Probablemente, después de amargas experiencias para México, por ello Texas representa el óptimo de entendimiento que pueden conseguir países como Estados Unidos y el nuestro, para lo bueno y, sobre todo, para lo malo.

Texas no es igual que California, pero se parece mucho. Aunque en el pasado inmediato ambas entidades se han distinguido por políticas antimexicanas radicales e incluso xenofóbicas, los intereses económicos -principalmente los de tipo informal- han obligado para institucionalizar amnistías a inmigrantes mexicanos, para dejar las cosas más o menos parecidas al estado previo que se quería resolver.

Un artículo previo del Doctor Samuel Schmidt parece retomar una idea que tenía Carlos Salinas cuando vislumbraba el tema de las drogas y el modo que afectaban la relación mexicoamericana: los gringos no quieren resolver el problema, sólo regularlo. Abbot esquiva las cuestiones de la inmigración y las drogas, las manda por transporte a Washington así como cuando Houston y Austin remitían de paseo a Santa Anna con la amenaza de colgarlo o dejarlo encerrado en un cuarto de esclavos afroamericanos. Si el Álamo causó tanto dolor, lo digno hubiera sido fusilar al Presidente oriundo de Veracruz. Digno y honroso para todas partes, pero los intereses se sobrepusieron al sentimiento nacionalista. Lo mismo ocurre con Abbott, juega a la conveniencia para postularse como candidato republicano al Poder Ejecutivo de Norteamérica, pero no quiere resolver nada.

En Texas, como en otros estados de la Unión Americana, llegan millones de ilegales trabajadores como dice la canción de Joan Sebastián. La búsqueda del sueño americano y desarrollo que no pudo brindarles México, obliga a una interacción que es paradójica, complicada, buena y muy mala. Es seguro que Greg Abbott se encuentra todos los días en la calle a cientos de

narcotraficantes, caciques, empresarios y delincuentes políticos -oriundos de México- que han decidido establecerse en Texas, legal o ilegamente, para lavar su dinero, vivir pacíficamente de sus atracos e, incluso, continuar con el desarrollo de su economía criminal ¿Por qué a ellos no los destruye? ¿Por qué a ellos no los persigue y envía a Alaska? ¿Por qué tantos criminales mexicanos poderosos viven cómodamente en Texas? Porque Abbott no es pendejo y, sobre todo, no tiene principios éticos ni amigos, tiene sólo intereses como dicta la Doctrina Monroe. Hay un círculo vicioso, reprobable, corrupto y tóxico en la relación México-Estados Unidos, peor que los pecados de Las Vegas o Nueva York y que se representa en Texas; pero Abbott no quiere arreglarlo sino sopesar su conveniencia. Abbot, como Trump, se han olvidado de que el orden es indispensable incluso para el liberalismo más voraz.

El Doctor Schmidt formula escenarios que deben considerarse seriamente rumbo al 2024 por los políticos y estudiosos de México y Estados Unidos. La convergencia temporal de las sucesiones por el poder en ambas naciones, pueden desatar lo que el futurólogo George Friedmann señala cuando la tortilla se termine de voltear contra nuestros países.

México está viviendo cientos de Álamos todo el tiempo, una guerra de baja intensidad que reclama arreglos y orden, los subterfugios convenencieros entre México y Estados Unidos van a terminar por contagiar de Estados Fallidos y Peligrosos a los dos Estados. Políticos mentirosos como Gregg Abbott, Donald Trump y la oposición a Morena -que reconoce la falla de la estrategia militar pero no quiere reconocer la desesperación que siente por la carencia de ideas- son el verdadero peligro para nuestros países y la humanidad.

Kommentare


bottom of page