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Ví un país

Diario de un reportero

Miguel Molina


El miércoles, que es cuando escribo estas líneas, salí a caminar. Subí el caminito del parque, y cuando llegué a la cima de la loma busqué las montañas que marcan el horizonte, pero no ví mucho porque había nubes. Estaba solo. Cerré los ojos, pensé en México. Vi un país que me preocupa, y no encontré soluciones a las cosas que lo atribulan.


Vi un país separado por las formas en que las partes ven el todo, sin orden ni concierto ni idea de Nación ni de las formas de hacer una nación nueva. Tal vez muchos sepamos qué cosas no queremos, tal vez muchos sepamos qué queremos, pero no sabemos cómo ni podemos hacerlo, y la idea nacional se va convirtiendo en una abstracción obsoleta en el corazón de muchos más: no tenemos idea.


Vi un país cuyo gobierno se enfrenta a las instituciones del Estado. Las ignora y las desobedece, y quiere hacer cambios que equivaldrían a seguir con el mismo infierno pero con diferentes diablos en materia electoral, en alguna cosa que se haya quedado del pleito de hace algunos años con la suprema Corte, en parte importante del sector académico y de investigación, para qué le cuento.


(El triste ejemplo de Veracruz ilustra lo que digo. Desacatando de hecho la orden de la Suprema Corte para derogar el delito de ultrajes a la autoridad, y

desoyendo las recomendaciones de la Comisión Nacional de Derechos Humanos, el gobernador Cuitláhuac García Jiménez declaró que la CNDH "defiende a un presunto criminal y no a las víctimas del delito", como si la CNDH fuera el enemigo, y como si nadie le hubiera dicho que la idea principal de los derechos humanos es proteger a las personas de los abusos del Estado y sus gobiernos e instituciones, y las leyes y los códigos son quienes se ocupan de los derechos de las víctimas.)


Vi un país bajo el temor constante, a veces evidente, a veces no tanto, pero siempre, bajo la sombra de la delincuencia organizada y desorganizada, que ha creado pueblos fantasmas, y donde las armas en manos de unos y de otros contribuyen a la incertidumbre y la desgracia económica, sin que el Estado intervenga en nombre del pueblo bueno.


Vi un país en manos de un sistema político cuyos partidos no son más que tribus sin brújula, sin principios, sin proyecto de Nación, que siguen practicando la cosa pública con las malas artes de antes. En papel, las organizaciones políticas pueden parecer una proposición coherente, consistente, sensata. En la vida real no se sabe qué son, o yo no sé qué son.


Vi un país que amanece con palabras hirientes, casi insultos, que dividen en vez de unificar a los mexicanos, y hace que el país sea de nosotros los que tenemos razón y derecho y ustedes que son neoliberales, corruptos, conservadores y hasta medio pendejos, aunque recordé que los treinta millones de personas que votaron por este gobierno son más o menos la tercera parte de los registrados. La mayoría de los mexicanos no votó por esto.


Vi un país cuyo presidente acusa de pseudoambientalistas a un grupo de famosos que expresó su preocupación por el nuevo trazo del Tren Maya, sin detenerse a pensar que el Plan Nacional de Desarrollo menciona el término ecología una vez, y la expresión medio ambiente también aparece solamente una vez en el documento, en el contexto del proyecto ferroviario. Nada más. Los famosos no tienen derecho a pensar diferente ni a expresar lo que piensan.


Vi un país que avanza hacia una consulta que nadie pidió, que violenta leyes de varios niveles, y que no servirá de nada al pueblo bueno, que contempla, a veces sin creer, cómo se repiten las prácticas políticas de antes, que son las de siempre.


Vi un país que no ha podido garantizar el empleo, la educación, la salud o el bienestar, que no ha logrado observar pleno respeto a los derechos humanos, y que hasta donde vamos no ha propuesto ningún proyecto concreto para la regeneración ética de las instituciones y de la sociedad. Tampoco se ha reformulado el combate a las drogas ni al parecer hay un esfuerzo visible de construcción de la paz, ni con quién ni para qué ni dónde ni cuándo ni cómo. No se sabe si se ha repensado la seguridad nacional y se ha reorientado a las Fuerzas Armadas, ni nada más allá de la ocurrencia de dar abrazos y recibir balazos.


Vi un país que me hizo pensar en el que había hace cien años. Y abrí los ojos.


Bajo el balcón

Aunque ya es primavera – uno sabe porque ya se oye el traqueteo de los pájaros carpinteros y el vecino toca en su piano cosas del año pasado – pensar en la

patria lejana es un ejercicio que (como cierta clase de amor) puede dejar las rodillas trémulas, sobre todo si uno subió una loma y luego tiene que bajarla.


Reposando en el balcón, uno mira los árboles que empiezan a llenarse de hojas, mira la última copa de malta de marzo, y un suspiro involuntario trae aromas de jacinto mientras uno pregunta – porque uno pregunta siempre – en qué parte de la patria está la patria y a quién le toca.

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