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Violencia Política contra Morena

Xochitl Patricia Campos López

Aunque la derecha mexicana se ha quejado por el clima de polarización y el agonismo político que desató la retórica del régimen de la Cuarta Transformación, a últimas fechas la violencia extrema se ha reflejado contra figuras en el más alto nivel de Morena. Es difícil creer que los siniestros y atentados en el círculo interno de prominentes políticos morenistas sean fortuitos; incluso periodistas y analistas proclives a la oposición lopezobradorista, lanzan señales de advertencia para que autoridades, camarillas políticas y población, tomen las precauciones necesarias. ¿A quién conviene contaminar el ambiente electoral rumbo a las elecciones del 2024? El fracaso del INE y los OPLES también se evidencia con un incremento exponencial de la violencia electoral.

Las sociedades son, por naturaleza, complejas; en ellas conviven diversos grupos con intereses distintos, tanto semejantes como divergentes. El reto en esas condiciones es el reconocimiento, la convivencia pacífica y la cooperación para mantener el orden y alcanzar el bienestar para todos. Sin embargo, el escenario de apertura que vive México en torno al proceso electoral de 2024 no parece estar contribuyendo al diálogo entre ideas diferentes para construir un futuro común, se manifiestan actores y poderes fácticos que siempre han buscado generar un clima propicio para las descalificaciones y el conflicto. Las facciones neoliberales están convirtiendo al adversario en enemigo y, bajo esas condiciones, en cualquier momento aparece el camino de la violencia; como está ocurriendo en Guerrero.

Si la política implica diálogo, en estos momentos, la oposición a Morena debe reconocer la madurez de la ciudadanía y aprovechar el momento de participación política de puertas abiertas. El apoyo social a López Obrador es indiscutible. El PRIANRD y el círculo rojo están promoviendo un escenario de conflicto directo cuya violencia ronda en forma grave a gobernantes, candidatos presidenciales y el Jefe del Estado Mexicano. Las elecciones del 2018 debieron ser entendidas como una oportunidad para promover la transformación de México y aprovechar el momento para exponer e intercambiar diferentes perspectivas y propuestas que nos lleven a construir un país, soberano, independiente, fuerte y una sociedad unida bajo el principio de la justicia social. La oligarquía mexicana, los grupos de la derecha filonazi y el narco imperio norteamericano están buscando profundizar la guerra híbrida contra México y perjudicar la gobernabilidad limitada del país. ¿Qué efectos tendría hacia Estados Unidos un conflicto interno más grave del que tiene México? ¿Podría controlar Norteamérica una emigración y narcotráfico masivo detonado por una ingobernabilidad total en México?

Por eso es preocupante el clima de violencia que hemos vivido en los últimos días. No tiene ningún sentido convocar al fantasma de 1994 en el proceso electoral de 2024, para echar a perder, por completo, el país. La experiencia indica que la violencia no conduce a ningún lado, mientras la democracia es la oportunidad para la superación de las diferencias y contradicciones.

La oposición a Morena debe plantear un Proyecto de Nación, el colonialismo o la subordinación absoluta a Estados Unidos no son una idea que compartan la mayoría de los mexicanos. La relación internacional con Norteamérica no puede seguir como en la época de la Guerra Fría ni bajo el neoliberalismo narcotraficante; es imprescindible reconstruir el país para que podamos vivir todos. El declive del imperialismo estadounidense constituye una oportunidad para que los Estados Unidos reconsideren la relación histórica con México.

En la historia reciente, no se había generado una participación abundante de aspirantes a la presidencia de la república. La apertura motiva a comunicar con la sociedad y contribuir al bienestar de México. No vale la pena contaminar, con dolor, la posibilidad del futuro luminoso que nos merecemos.

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