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¡Ya párenle¡

Divagaciones de la Manzana

Martha Chapa

A Elena Poniatowska, mujer fuera de serie.

Conocí y admiro desde entonces a Elenita, algo así ya de más de tres décadas, quizá cuatro.

Nuestros encuentros, fueron desde un principio señaladamente fraternales y se dieron por lógica en la lucha social, especialmente en el ámbito de la equidad de género, la democracia, las libertades…

Recuerdo, por ejemplo, nuestras incursiones para defender derechos ciudadanos y de género, en el marco de Mujeres en Lucha por la Democracia, que tantos conseguiríamos gracias al ejemplar testimonio de mujeres como Elena Poniatowska.

Ha sido todo un privilegio conocerla, leerla y ser testigo de su gran talento y compromiso social. Una mexicana, que es orgullo de todas y todos, por sus invaluables aportaciones al periodismo, la literatura, la lucha democrática y la sociedad civil.

Ahora, me ha entristecido profundamente lo que ocurrió el domingo pasado en su casa, que considero es un ameritado espacio, como similarmente me genera a la vez un sentimiento de impotencia, por la galopante delincuencia en la ciudad, que irrumpe impunemente dentro y fuera de nuestros hogares. Siento un hondo repudio por ese caso y tantos otros que ocurren en nuestra ciudad y el país, día a día.

Venturosamente, Elenita no estaba en ese momento en su casa y no sufrió ni ella ni su familia o quienes laboran en su hogar un daño físico, aunque sea tan fuerte en el orden psicológico y social, al permear y dejar huellas de violencia, inseguridad y fragilidad, rodeando a nuestras vidas.

Me alarma también enormemente saber qué se trata de un robo exclusivamente de su computadora y discos de información, que en si representan un atentado contra la privacidad y la libertad de pensamiento y expresión, además de los delitos propios del fuero común. Y las preguntas nos asaltan: quién o quiénes son los autores materiales e

intelectuales, y que querían o quieren saber de lo que ella ha escrito o escribe. Y lo peor, es qué sabemos que muchos de estos ilícitos nunca se aclaran ni desembocan en la detención de los culpables, o cuando llegan a identificarse, nos enteramos parcialmente de sus perversas intenciones.

Exigimos entonces que nuestros gobernantes actúen ahora si ya, con probidad y eficiencia, que se frene la violencia y la delincuencia, que paren las hostilidades a quienes ejercen plenamente la libertad de pensar y escribir, que mejore la seguridad pública, que se detenga a los malhechores y que haya sentencias expeditas en el circuito judicial, en bien de toda la ciudadanía, de la que forma parte distinguidamente Elenita, amiga entrañable, ciudadana ejemplar y mexicana de excepción.

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