2 de octubre no se olvida.
- fermarcs779
- Oct 10
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Política para todos.
Otto René Cáceres
A 57 años de los trágicos acontecimientos que marcaron a este país, el 2 de octubre de 1968, y lo que ello trajo consigo en términos de reivindicación de derechos y cambio político, resulta sin duda obligado llevar a cabo una reflexión sobre el particular.
Los hechos suscitados por el movimiento social tuvieron como origen el conflicto estudiantil del 22 y 23 julio de 1968, entre alumnos del IPN y la preparatoria Isaac Ochoterena, que provocarían la intervención violenta del cuerpo de granaderos y el ejército, acción que generaría una ola de protestas que se extendieron rápidamente. El 26 de julio coincidirían dos marchas: una del IPN en demanda de justicia, y otra en conmemoración de la Revolución Cubana, ambas reprimidas brutalmente, dejando como saldo cientos de heridos y detenidos. Aunado a lo anterior, la violencia estatal aumentaría con el allanamiento de escuelas y la ocupación militar de las preparatorias 1 y 3, donde incluso se usó una bazuca para derrumbar una puerta. En respuesta, el entonces rector de la UNAM, Javier Barros Sierra, condenó públicamente los abusos, llamando a defender la autonomía universitaria y la libertad de pensamiento.
Durante agosto de 1968, el movimiento se consolidaría con la creación del Consejo Nacional de Huelga (CNH), integrado por representantes de escuelas en paro, presentando los estudiantes un pliego petitorio de seis puntos, exigiendo la libertad de presos políticos, la desaparición del cuerpo de granaderos y la destitución de jefes policiacos. Ante el descontento, las movilizaciones crecerían, realizándose marchas masivas el 5, 13 y 27 de agosto, mismas que reunirían a decenas de miles de personas, respondiendo el gobierno con nuevas olas represivas, desalojando el ejército, violentamente el Zócalo el 28 de agosto, utilizando tanques, armas y gas lacrimógeno contra los manifestantes. Esta serie de hechos marcarían la radicalización del movimiento, llevando a la ruptura definitiva entre los estudiantes y el régimen del presidente Gustavo Díaz Ordaz, culminando en la fatídica matanza de estudiantes en el mitin de la Plaza de la Tres Culturas en Tlatelolco, un día después de la salida del ejército del campus de la UNAM en la Ciudad de México.
Como menciona de manera excepcional Cecilia Durán, 1968 fue declarado Año Internacional de los Derechos Humanos por la Organización de las Naciones Unidas. Aunque debiéramos saber con precisión qué fue lo sucedido, siempre hay una sombra que nubla las versiones. Se ha querido tapar el sol con un dedo, proteger a los protagonistas y victimizar a los antagonistas. Y, aunque en realidad sabemos quiénes fueron los responsables de esa matanza se ha preferido envolver los acontecimientos y resguardarlos bajo el velo del mito.”
Con el pasar de los años, diversos actores han manifestado legítimamente el repudio por estos hechos, muchos han querido sacar raja política de estos acontecimientos, otros han dado rienda suelta al resentimiento, y los menos han adoptado posturas de radicalización donde nadie impone orden, y en el cual, tristemente, el olvido nubla lo ocurrido.
Lo experimentado durante la marcha del jueves pasado, fue, como ha sucedido en el transcurso de los años, una cada vez más débil remembranza de estos lamentables hechos, que si bien no deben olvidarse, manteniendo en la memoria el peso de la responsabilidad que en los mismos tuvieran Díaz Ordáz y su entonces secretario de Gobernación, Luis Echeverría Álvarez (presidente de la República en el sexenio posterior), tampoco basta para su remembranza histórica actos retóricos y guarda de un minuto de silencio.
Esta desmemoria ha hecho eco en las calles, particularmente entre un grupo de manifestantes, denominado “Bloque Negro”, caracterizado como tal por su vestimenta negra, capuchas y pasamontañas, presente en diferentes tipos de manifestaciones desde hace tiempo ya (manifestaciones feministas, desaparecidos, Ayotzinapa), generando actos de violencia, agrediendo, vandalizando, atacando, robando, saqueando, y golpeando a periodistas y policías, dejando un saldo de decenas de heridos, disminuyendo la importancia de la marcha pacífica, aunada a los reclamos por los acontecimientos sucedidos en la Franja de Gaza y la política en general de Estados Unidos e Israel contra el pueblo palestino. Ahora, en términos de lo que aconteció, más allá de que sus integrantes pudieran ser jóvenes carentes de una ideología homogénea, anarquistas, anticapitalistas y/o antifascistas, con un rechazo frontal al Estado y al capitalismo, dirigiendo sus intervenciones contra símbolos de poder como bancos, corporaciones o comercios, lo que debemos preguntarnos es, quien o quienes lo integran, quienes conforman su dirigencia y cuáles son sus fuentes de financiamiento. No deja de llamar la atención que jamás, en los últimos tres sexenios, el reducido número de detenciones de sus integrantes no hayan resultado en acciones que pudieran llevar a la ejecución de acciones punibles y/o acciones de contención de tales manifestaciones.
El asunto con lo anterior radica en que se esperaría que las autoridades capitalinas, y seguramente otras como el Centro Nacional de Inteligencia (CNI) deberían tenerlos perfectamente mapeados e identificados, al no ser la primera vez que se manifiestan, así como a sus líderes, y sus métodos; y sin ánimo de apuntar el dedo en alguna dirección, es un movimiento que pudiera pensarse cuenta con las características de ser orquestados por diferentes grupos o manifestaciones políticas, o disidentes, que buscan denostar a este y otros movimientos legítimos, así como a las autoridades gubernamentales por medio de la violencia. Ahora, ante el reclamo social por la falta de inacción policial en términos de encapsularlos o detenerlos, se explica al estar, precisamente, ante manifestaciones violentas que, de llevar a cabo una acción directa, podría resultar en un aumento mayor de la violencia por parte de este bloque. Sin embargo, como ya he mencionado, no es la primera vez que sucede, por tanto, se esperaría que, resultado de las acciones de las áreas de información e inteligencia, se llevaran a cabo al menos dos circunstancias: primera, acciones de prevención antes y durante la marcha, y segunda, acciones de contención en cuanto a la identificación de sus miembros con el objetivo de disminuirlos y en los casos que así surgieran, las acciones disciplinarias correspondientes.
El genuino reclamo de justicia, de que nunca más se repitan los hechos ocurridos el 2 de octubre de 1968, que marcó a las comunidades estudiantiles y políticas, y que marca un parteaguas en el desarrollo político y social del país, queda de lado ante tan lamentables hechos, marcados, irónicamente, por la violencia y el vandalismo, generando heridos, pérdidas económicas y una mala visión de un reclamo genuino ante el exterior.
Seguiremos pendientes.
@ottorenecaceres






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