La inepta cultura: Mi nuevo restaurante

A fines del invierno decidí hacerlo nuevamente. Abrí un comedor bajo uno de los árboles del jardín. Los comensales no tardaron en llegar y sus charlas pronto inundaron el espacio. No se si se trataba de temas actuales o solo expresiones de gusto por la vida pero la algarabía era asombrosa gran parte del día.

He consultado algo acerca de la palabra restaurante y se que viene del francés y a su vez del latín de donde toma su significado principal que es el de restaurar. Es a fines del los 1700 en Francia que comienza a utilizarse el término y ello porque originalmente la comida que se servía era reconfortante. Ya con el paso del tiempo las variedades de comida y servicio en un restaurante se han multiplicado hasta el infinito. Los hay de todo tipo de comida, de la llamada gourmet, vegetarianos, de comida rápida, de una llamada internacional, lo que en realidad es un surtido variado, y de comidas o versiones de diversos países. Sabemos que muchas veces las comidas que presuntamente son de otros países son en realidad una versión propia o un reflejo vago de otras culturas culinarias. ¡Qué bueno! Personas que han viajado y tenido el privilegio de comer en esos países a veces señalan que los que se le ofreció como una delicia era repugnante e incomible. ¡Hay quienes aseguran que hay lugares donde hasta los testículos de buey se comen!

La comida es una manifestación de nuestra cultura y conocer una nueva cocina es aventurarnos. En nuestro propio país hay platillos que de región a región seguramente resultarán retadores no obstante que sean una delicia. Pienso en los gusanos de maguey que tanto disfruté en otros tiempos, en los chapulines o las hormigas. Pero volvamos al restaurante.

Es importante que la disposición del comedor favorezca un ambiente agradable; las mesas y sillas deben acomodarse de una manera adecuada en cantidad y disposición. A veces vamos a lugares en los que no queda otro remedio que, como le sugirieron a Fidel, ¡cenas y te vas!; hay en cambio, sitios agradables y acogedores que animan a que se permanezca en ellos en beneficio de la charla y el consumo.

Este punto es esencial. De acuerdo con la definición del restaurante, se trata de una actividad comercial, esto es, el comensal paga por los alimentos que recibe.

El comedor que coloqué bajo los árboles de nuestro jardín es tan solo una pequeña caja como reja de metal en la que se inserta una galleta del tamaño de un ladrillo compuesta de semillas variadas apetecibles para los pájaros silvestres. El árbol es un moro con forma de sombrilla, por ahora sin hojas; los comensales, saltan de rama en rama para acercarse al alimento y comen y cantan todo el día sin

preocuparse por la cuenta. Me las ingenié para colocar la caja entre las ramas lejos del alcance de las palomas. Nos reservamos el derecho de admisión.

Es cierto que no se cumple con lo señalado por la Real Academia de la Lengua en cuanto a que debe ser un establecimiento mercantil pero me gozo con el éxito del lugar pues no tengo quejas de los abundantes clientes sino por el contrario su grata presencia.

Antonio Canchola Castro

canchol@prodigy.net.mx