Crimen organizado

Tres de cada cuatro llamadas a mi teléfono provienen de alguna compañía bancaria asentada en la república Mexicana. Respondo una de cada 25 y cuando lo hago, ¡me reclaman por no responder a las otras llamadas! Dos de cada tres mensajes que se van directo a mi buzón de “correo no deseado” provienen de la misma fuente que las llamadas. El crimen organizado está desatado y los ciudadanos estamos en estado de indefensión.

¿Para qué me buscan los bancos? Ya somos rehenes de ellos desde el momento en que resultó más sencillo y seguro que los patrones hicieran una transferencia bancaria a quienes estamos enrolados en la nómina, y asunto arreglado. Bancarizados a wiwis. Se ha facilitado el proceso de pago, aunque dudo que haya disminuido la burocracia, se eviten los “saques” al salario o que las personas seamos mejores tan sólo por utilizar los servicios bancarios.

Eso sí, los asalariados que perciben miserias tienen que correr al cajero automático. En la tienda de la esquina, único lugar donde le fían, no cuentan con terminal de pago. En el camión que utiliza para atravesar la ciudad se recibe solamente efectivo –y en lo cual gasta a veces hasta la mitad de la desgracia que le pagan por dejar los bofes en la chamba–. Lo mismo sucede en la panadería, la tortillería o con quien le vende caro o barato su amor. Es un millón de veces más conveniente soltar un billete de baja denominación a un guardián del orden que tan sólo por el aspecto le detiene en la calle y lo amenaza con acusarlo de narcomenudista, pederasta o miembro de la yijad.

Por otra parte, los bancos jinetean hasta el último minuto y hasta el último centavo de los pocos que no son utilizados de inmediato por el rehén del sistema financiero. Y puesto que para abrir una cuenta bancaria se exigen tantos datos personales como en ninguna otra parte, esta información también se convierte en base para la trácala. Las leyes de protección de datos son solamente una cortina de humo para redondear la expoliación.

He de explicar lo anterior antes de que me tachen de calumniador. A mi dirección electrónica han llegado apetecibles anuncios que ofrecen bases de datos con nombres, edades, direcciones postales y electrónicas, números de teléfono y hasta historiales de compras. ¿De dónde salen esos datos? ¿De dónde los adquieren los mercaderes? ¿Para qué los pueden utilizar los compradores? Y si me las han ofrecido a mí, ¿a cuántas personas más les ha llegado la oferta y cuántas la aprovecharon? Yo nada más pregunto.

Total que de repente llega el cartero (especie en extinción que es menester explicar entre los menores de treinta años) con un bonche de propaganda de esta o de la otra tienda, de los bancos a los que jamás nos hemos acercado o de los proveedores de servicios más inimaginables. ¿Quién les dio mi nombre y mi dirección?

Los banquistas hablan una y otra vez para confirmarnos (¿o recordarnos?) que está preautorizado el crédito con cargo a la nómina, para vendernos seguros de protección contra lo que sea (pero no contra la acción acosadora de los bancos y sus manadas de analfabetas llamadores por teléfono y asaltantes en centros comerciales) y para ponerse “a sus órdenes, estimable cliente”, para todo cuanto se nos ofrezca.

Nos ofrecen 48 meses sin intereses para comprar la máquina removedora de tenqueques en versión ecoultralait o el descuento del 50% de las comisiones causadas por las comisiones que fueron

adheridas al momento de incrementarse la tasa de interés policroma en tarjetas de crédito con CAT por encima del 88%, así como la nueva tarjeta fóquinasol platinum con la cual puede uno evitar hacer fila en la próxima campaña electoral a la hora de ir por la limosna que manda Meade vía los comedores comunitarios.

Ah, pero no vaya usted a caer en un atraso de horas, días o meses en su cuenta deudora porque el teléfono no parará de sonar. Lo buscarán a cualquier hora del día y de la noche. Y si llega a responder alguien, lo amenazarán con enseñarle la lengua, con las llamas eternas del infierno, con la peor de las cárceles o con mandarle una foto de Norberto Carrera con Onésimo Cepeda.

La gran ventaja que tienen todas estas empresas del acoso continuo, son los resultados obtenidos por el sistema educativo nacional permanentemente reforzado por los medios de comunicación, las iglesias, la familia y las tradiciones. Estamos inundados de promociones y nuestra capacidad de reflexión, de razonamiento ante ello tiende a cero. Hemos aprendido a que para ser, debe uno tener. Ser alguien en la vida, es quien acumula objetos y “bendiciones”, aunque no pase uno de ser un ente ignorante con la dignidad pisoteada una y otra vez (sin siquiera darse cuenta de ello).

Aprovechando lo anterior –la circulación de bases de datos, el acoso de los banquistas y la supina estupidez que nos caracteriza a los miembros de la especie que se ostenta como lo máximo de la vida en el planeta Tierra–, los émulos de los banqueros intentan sorprender a cuanto pendejo caiga en la trampa, informando que se ha bloqueado el acceso a su cuenta vía internet y, para solucionar satisfactoriamente el problema, debe uno mandar sus datos por email para que los bondadosos remitentes hagan lo conducente… para bajarle hasta el último de los centavos que todavía no se roba el banco.

Obviamente, a mí me han dado de baja todos los bancos donde jamás he tenido una cuenta, así como el que se apropia de mis centavos para prestarlos a quien ávidamente pide un crédito para no perderse la primera edición del mono de estarguars o las vacaciones en un crucero de mes y medio por el Caribe a cien dólares por cabeza. Y seguramente usted ya recibió el mensaje de la hermana Carola que en Costa de Marfil ha heredado millones de libras esterlinas y no sabe qué hacer con ello, o respondió al concurso por una Land Rover en el feisbuc o se siente cliente VIP cada vez que va al casino a que se rían de su carota cada vez que pierde una parte más de su dinero.

Claro, aumentar las tarifas del transporte público o los derechos por tramitar lo que sea en las dependencias gubernamentales, sin que uno chiste, forma parte de la estrategia al más puritito estilo del crimen organizado. No olvide darle laic a esta Cotidiana para que entre al concurso de un cencerro dorado y si lo reenvía a tres de sus amigos, recibirá un cúmulo de bendiciones adelantadas desde el más p’allá. Garantizado.

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