Hay de libros a libros

Un tipo de libros que actualmente oscilan entre libro y juguete, es el llamado pop-up. Obviamente son muy útiles para enseñar a los niños figuras geométricas, seguridad vial o la naturaleza. Por supuesto, los materiales principales para su confección son el cartón y el papel, aunque en ocasiones se incluyen otros elementos como tela, celofán, cordones, entre otros. Su formato presenta la lectura de la historia en tres dimensiones.

Ese término, pop-up, fue acuñado por la editorial Blue Ribbon, en 1932 cuando así llamó a una de sus colecciones para niños, dando a entender que son libros de los que saltan, emergen o brotan algunas piezas. Pero ya saben, gracias a nuestra manía de copiar de los ‘mejores’, se ha logrado que dicho sustantivo onomatopéyico sea aceptado universalmente; porque es más gráfico, dicen.

Tales libros han sido conocidos con otras denominaciones, por ejemplo, desplegables –porque se desdoblan, se extienden–. Hay quien se refiere a ellos como libros de formato teatrillo porque los personajes ‘actúan’ sobre el escenario de las páginas.

Estas son obras de ingeniería, sí, lo son porque han integrado otros elementos, tales como hologramas, luces, sonido, que en muchos de los casos las acercan más al juguete y las apartan del libro, por una parte; por otra, podría ser una obra de arte debido a la calidad estética de sus dibujos y colores.

Para ser considerados en tal categoría, esos libros deben contar con tres características básicas: transformación de imágenes, movimientos y tridimensionalidad, además de los consabidos dibujos y coloreados; también se presenta el troquelado del papel y el ensamblaje de todas las piezas que lo componen.

Como sucede en todos los géneros literarios, un grupo contiene varios subgrupos, así este tipo de libros se clasifica de acuerdo a sus mecanismos en: solapas, lengüetas, por sus formas de túneles, carrusel, ruleta, la tridimensión, por sus imágenes transformables, por ser una especie de escenario, por su combinación de imágenes, etc. Por todo ello, sí, son una llave para que los pequeñines se inicien en la lectura; esto no quiere decir que no se conviertan en lectores con libros clásicos.

Sin embargo, y como lo he mencionado en múltiples ocasiones, esto de los pop-ups no es tan novedoso, a pesar de la enorme bibliografía actual. Ya anteriormente se habían creado libros con dichas características. Los más antiguos conocidos son del siglo XIII y no se trataba de libros destinados exclusivamente para los niños. En esos libros móviles antiguos, las frágiles figuras estaban destinadas, no sólo a su manipulación, sino que también en ocasiones podían ser separadas y utilizadas fuera del libro.

Entre las obras más destacables de este tipo de libros encontrarán ustedes mencionada la de Ramón Llull, también conocido como Raymundo Lulio, Ascenso y Descenso del conocimiento. En ese libro, Lulio (como también es conocido) incluyó un volvelle, es decir, una rueda giratoria construida con papel y con piezas móviles; con ese disco Lulio explicaba una de sus teorías -por cierto, una técnica bastante popular hasta el siglo XVI-.

Así también podemos citar algunos tratados de navegación muy influyentes, como los de Pedro Medina de Artasona, Martín Cortés de Albacar o Rodrigo Zamorano, y, muy especialmente, por su excepcionalidad, obras manuscritas como el Tratado de Astrología del Marqués de Villena, o textos sobre gnomónica (ciencia encargada de elaborar teorías y reunir conocimiento sobre la trayectoria del Sol sobre el horizonte) o construcción de relojes, como los de Tadeo Felipe Cortés del Valle, entre muchos otros.

Los libros móviles eran muy usados en el ámbito científico y allá por el siglo XVIII, etapa del nacimiento de la literatura infantil, se enfocaron a ese público. En el siguiente siglo, casas editoriales británicas y estadounidenses produjeron dicho tipo de libro; pero desde entonces y hasta ahora han sido un lujo, o sea, aptos para niños en cuyo entorno hay recursos para su adquisición. Fue curioso que entre 1960 y1990 bajara la oferta de estos libros para niños; en la actualidad se ofrecen muchos.

De hecho, ustedes podrían darse una vuelta por la Biblioteca Nacional de España, en donde encontrarán por estos días, una exposición de libros móviles antiguos, en la que se explican algunas cuestiones relativas a su historia, la finalidad de tales libros, su temática, así como problemas para localizarlos y para su control bibliográfico. Una exposición tan especializada ayuda con mayor profundidad a tener una idea de la complejidad en la producción de estos libros y su costo, que aumenta dependiendo de los elementos que se incluyan.

Estos libros están emparentados también con los libros de artista, o de autor. Por cierto, los libros de artista se diferencian del libro común, en que este último es un producto industrial, no así el primero, mismo que no se encuentra en las librerías, sino que se vende dentro de un mercado de arte. Si en algún momento tienen oportunidad de asistir a un taller para aprender sobre los libros desplegables, acudan. Entenderán no sólo el arte de este tipo de libros, sino que incrementarán su pensamiento lógico.