La muerte del crítico de arte(conclusión)

Los tiempos donde la crítica especializada vivía de criticar parecen haber terminado. Estamos inundados de críticos todos los días, y las críticas vienen de cualquiera que tenga acceso al internet. Un libro puede tener hasta 2,000 críticas en Amazon, y un programa de televisión miles. Hace algunos meses, durante el estreno del musical “Mago de Oz” se invitaba al público para que hiciera sus comentarios en Twitter mientras apreciaba la obra.

Pero, toda acción produce una reacción y ahora existen salas de cine donde no se permite entrar con teléfonos celulares. Inclusive la publicidad explica como en estas salas se respeta al cine y se “ven las películas como debe de ser, sin interrupciones modernas”.

Con el acceso a miles de canales de televisión, con cientos de películas listas para ver por semana, con millones de videos que podemos admirar, es fácil perderse en el ruido. Añadimos a esto los cientos de categorías que se ofrecen en libros, videos, y aplicaciones. Es imposible para una sola persona estar al tanto de todo y como consecuencia no se habla de lo que es mejor, sino de lo que “me gusta más”.

Tenemos a candidatos presidenciales en todos los niveles que sólo se ven bien o nos gustan, pero que ya no tienen que ser los mejores. El fin de la creación es ahora tener mas “likes” y ser mejores conocidos sin importar si el producto tiene algún valor o es sustancioso.

Esta clase de crítica sólo trata de entender lo que se ve, lo que se oye, y lo que sucede. Hemos llegado al grado de que los noticieros ahora funcionan de la misma manera. Se trata de encontrar hechos sin importar si se entienden o no. Los debates políticos carecen de profundidad y se habla lo que se ve bien, no de lo que esta bien.

El problema de la muerte de los críticos es que al desaparecer la crítica especializada se desaparece la “creación dentro de la misma”. Recordar y entender requieren de muy poco esfuerzo, el siguiente nivel es la aplicación y el análisis, y por último tenemos la evaluación y la creación.

Las críticas en el internet nunca intentan llegar “más allá” que la repetición. La aplicación y el análisis requieren más los gustos personales y cuestionan la razón de porqué nos gustan las cosas. Cuando se analiza una canción, por ejemplo, se necesita saber la historia del movimiento musical en el cual se escribió.

Un buen crítico evalúa y el mejor crítico crea.

Un “like” significa que te gusta, no que es lo mejor, y mucho menos que se entiende o que se analiza. Las redes sociales nunca podrán subir de nivel apreciativo puesto que están condenadas a la opinión solamente personal sin tomar en cuenta la sociedad o la cultura.

La labor del crítico es analizar la obra de arte en su contexto, en la importancia de la cultura que la elabora. No es necesario que la obra guste para ser criticada, los gustos personales salen sobrando al momento de evaluar.

Pero nuestra sociedad no esta interesada en evaluar. Vivimos en la época de la gratificación instantánea. Prendo la televisión y espero ver un programa que me guste, compro ropa que me guste, escucho música porque me gusta, veo las películas que me gustan, y todo recae en el todopoderoso “yo”.

Lo peor es que a la persona que crítica se le considera en nuestros días como “negativa”. De esta manera, nuestras expectativas no son muy altas. Hemos internalizado lo que nos gusta como popular y lo popular como lo aceptable, sin cuestionar vale o no.