Lo peor de la tarea…

Días ha comenzó a circular por el mundo de habla española una nota que, con sus variantes, fue encabezada más o menos de la manera siguiente: “Aterrador descubrimiento. La ONU pide prohibir las tareas escolares en todo el mundo”. Nos pondremos virgilianos y hemos de decir que tirios y troyanos le dieron vuelo a la nota y la replicaron para hablar en contra de la supuesta medida pero, sobre todo, la mayoría aplaudirla. Para amarrar la validación del dicho, además del argumento ONU, la nota se refería al doctor Harris Cooper de Duke University. Argumento de autoridad dobleteado.

A mi sesión espírita semanal, muy preocupados, acudieron tres raros tipos a los que nunca antes había oído mentar: un abogado, Marco Fabio Quintiliano, de origen calahorrano; otro, Michel, que se dijo señor de Montaigne, y un malhumorado anciano que dijo llamarse Juan Jacobo Rousseau. Invitaron también a un chino –cuyo nombre no quisieron pronunciar– pero los mandó a volar porque él, a “esas mamadas de espíritus no le hace”. Entraron como Juan por su casa y se apoderaron de la velada.

Estaban indignados por el nivel de estupidez de los vivos. Comenzaron quejándose de que a pesar de que nos ufanamos por gozar de la vida en tiempos de la era de la información, nuestra ignorancia es cada día más grande, pero sobre todo nuestra estupidez. ¿A quién carajos se le ocurre que todo cuanto se publica es correcto? Querían citar al chino, pero en ausencia no se atrevieron. Antes, el problema era la letra impresa en un papel. Si estaba dicho en un libro, debía ser la neta. Hoy, la gente se deja llevar además por las palabras y las ideas expuestas en los periódicos, en la tele, en la radio y en la internet.

Acudieron al mundo de los vivos porque ya están hartos de que la gente se entere de cualquier imbecilidad por cualquier medio y la repita sin ton ni son, como si fuera correcta y que, además, se emitan sendas opiniones sin siquiera haber realizado una mínima pesquisa sobre el problema del que se habla. El argumento de autoridad se esgrime por el origen de la fuente de información y la sabiduría se adquiere por el mismo cúmulo de información proveniente de la dichosa fuente de la que abreva el grueso del púbico. “Solamente se están haciendo pendejos”, dijo concluyente el anciano Juan Jacobo.

Marco Fabio estaba fuera de sus casillas. “Después de dos mil años todavía están discutiendo si es muy duro acostumbrar a los chamacos a aprender”, dijo el romano. “Lo peor, añadió Michel, es que suponen que le hacen un favor a la niñez echándola a perder”. “Y eso no es nada, terció Juan Jacobo, luego se quejan que los jóvenes son unos buenos para nada, cuando ni siquiera se atreven a enseñarles los hábitos del trabajo, de la dedicación y de preguntarse cómo funciona el mundo”.

“Me encrespa, siguió JJ, que se atrevan a referir mal el trabajo de tanto tiempo de quienes se dedican a explicar el mundo”. Cuando vio mi cara de a seis, prosiguió. “Bueno, te diré. Están echando mano del nombre de Harris Cooper, un psicólogo de Duke. ¡Pero tergiversan todo cuanto él dice!”.

En 2006, Cooper escribió en un adelanto a su artículo en la revista de la universidad que: “With only rare exception, the relationship between the amount of homework students do and their achievement outcomes was found to be positive and statistically significant”. Por el contrario, en la red aparecieron en días pasados varias páginas donde se supone que se habla del trabajo de Harris

Cooper, Ph. D., publicado por Duke University. Entre otras pendejadas, dicen que Cooper dice: "No hemos encontrado evidencia de que las tareas ayuden a los niños a ser mejor estudiantes". ¡Mentira!

Claro, los lectores de Babadun (sic), Posta, Filosoraptor, Xsocials, Buenamente, entre otras grandiosas publicaciones electrónicas de la misma calaña, no tienen la culpa de que los idiotas que publican estupideces en la red, lo hagan desde la pendejez, con o sin dolo. Tampoco, nadie está obligado a saberlo todo, pero quien opina al menos debe tener la responsabilidad de hacer algo por estar seguro del conocimiento que adquiere para después lanzar sus esputos de sapiencia a diestra y siniestra.

“Por eso los ignorantes no deben opinar”, insiste Michel. “Es tarea del maestro hacer que los niños y los jóvenes tengan hambre de investigar, de no quedarse con las palabras de sus padres, de sus maestros, de los libros. Es necesario cuestionar una y otra vez, averiguar la verdad y a partir de la seguridad de que uno la ha alcanzado, entonces armar la pieza de oratoria que habrá de convencer a los demás”, declaró Marco Fabio.

“Pero la mayoría de la gente no entiende”, sentenció JJ. “Los muy sabiondos quieren hacernos creer, desde siempre, que a los niños hay que tratarlos como mascotas de compañía y que no deben molestarse por hacer algo”, todos volteamos a verlo con asombro. “Si ya en mis tiempos creábamos seres inútiles, buenos para nada, que no se querían molestar ni siquiera en respirar bien, ahora es mucho peor”, continuó agitado Juan Jacobo. “Los chamacos deben estar ocupados de sol a sol, sin dejar un instante de ociosidad”, remató JJ.

“Lo mismo he dicho yo”, afirmó Michel, seguido de la frase contundente de Marco Fabio: “Recuerden que yo me adelanté un milenio y medio a decirlo, jóvenes. Pero no importa quién lo dijo, ni cuándo. Lo triste es que desde los más declarados ignorantes hasta los que se las dan de muy muy, coinciden en que a los niños se les debe tratar como verdaderos inútiles y sujetos vulnerables a una crisis por exceso de actividad”.

Total, que Harris Cooper no dijo lo que dicen que dijo y que ningún funcionario de la ONU ni de los organismos especializados ha planteado la posibilidad siquiera de escupir alguna pendejada con respecto a la supuesta propuesta de prohibir en el mundo las tareas escolares.

“¿Cuándo la humanidad dejará de ser tan estúpida?”, preguntó Michel. Ni JJ, ni Marco Fabio supieron responder… menos yo.

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