Siempre lo inesperado

Como si sin pensarlo hubiera entrado distraído y solo a un tema grande por una puerta giratoria, digamos, en el tercer piso de un céntrico edificio, salgo otro y con otros a una pradera que se tiende perezosa hacia la orilla del mar en un país distinto. Seguí este paseo por el sendero fascinante al saber de un libro escrito por el médico Scott Peck, titulado El camino menos transitado. El tema del libro tiene que ver nada menos que con la salud mental (producto que no está ya en la canasta básica), la percepción de la realidad y la respuesta que le conviene al individuo para enfrentar las dificultades de manera para él ( y los que le rodean) satisfactoria. Los elementos que se abordan son: disciplina y autoestima. En una visita guiada al libro, percibo al pasar un gigantesco péndulo como juego de feria que me impresiona: hacia un lado se encuentra la neurosis, en diferentes grados (tome su lugar por favor o hágase para atrás) que se manifiesta en creer, considerar, suponer, asegurar, declarar, presumir que la realidad dúctil depende de nuestro comportamiento como si fuéramos el centro del universo. Tenemos que cargar un gran costal en el que llevamos culpas propias y ajenas, nuevas y usadas que lo mismo pesan que pican. Del otro lado, en la otra esquina, se despliega una galería pavorosa, que agrupa como espantos a los trastornos de la personalidad, mismos que se manifiestan con diferentes grados: acusamos al entorno (a los otros) de nuestros fracasos, de nuestros miedos y adicciones, de nuestras limitaciones y en materia política, de nuestra cobardía por soportar dictaduras y “dictablandas”. Somos la víctima por antonomasia. Este libro de Peck se convirtió lentamente en un éxito al cabo de los años tiempo en el que fue siendo descubierto por los lectores y valorado su contenido con lo que se concluye que los libros germinan algún día.

Pero cambio de plano, y el título me lleva a un poema de Robert Frost, gran poeta norteamericano. El poema ha sido traducido como El camino no elegido. Este poema que habla de la indecisión ante una bifurcación en un camino de un bosque, (y que si quiere (obvio) puede buscar en el o la internet), se convirtió en un poema icónico de Frost inspirado como una broma a un amigo poeta inglés de apellido Thomas que sufría de indecisión quien, al leer el poema, no encontró en él sarcasmo alguno sino inspiración, y se enroló en el ejercito muriendo dos semanas después en territorio francés durante la primera guerra mundial. (Coincido con Renato Leduc quien escribió el poema del tiempo, (ese de dar tiempo al tiempo) como un ejercicio escolar al que le concedía poco valor y que lamentaba la “&%$& música” que le pusieron).

Lo cierto es que la vida es incierta y que estamos condenados, como creo que recuerdan que dicen que alguna vez dijo Sartre, a ser libres; siempre hay

disyuntivas. Las decisiones nos aguardan en cada recodo del camino, nuestras fuerzas son escasas ante el embate de las circunstancias muchas veces insólitas, imprevistas e imprevisibles pero sin lugar a dudas, todo lo que hagamos por apreciar, querer, amar a quienes nos rodean nosotros incluidos paliará los inevitables altibajos.

Antonio Canchola Castro

canchol@prodigy.net.mx