Acerca del matrimonio

Ayer tuve oportunidad de hablar en una boda. El hijo de un amigo se casó y yo fui el encargado de decir unas palabras lo cual fue un gran honor. El contrayente, casi mi hijo por el cariño, pertenece al movimiento punk y desde mi edad que es como una ventana en un segundo o tercer piso, lo veo con simpatía . Busqué unas citas de Sid Vicious y de otros como Ramones pero no encontré gran cosa para poder significar al punk en una fiesta tradicional y no quise êpater ni les bourgeoises. Asumí el difícil reto de Francisco de Asís, quien con sus actos hablaba siempre de Dios sin mencionarlo.

Comencé por felicitar a los contrayentes y luego compartir que un matrimonio es como un viaje, como una aventura. No dije que era como ir a la guerra ni tampoco que era como asistir al funeral de uno mismo aunque pudiera disfrutar todavía del aroma de la flores. Lo que dije y en ello creo, es que en un matrimonio se expresa un compromiso para constituir una comunidad de vida sobre la base del respeto y la ayuda mutua. La rebeldía es contra la institución pero como diría Marx, ¿quién quiere vivir en una institución? ¿A poco Marx dijo eso? ¿Dónde? No, no fue en El capital, ¡cómo crees!, fue Groucho Marx. ¿hermano de Carlos? No, ni de cerca. Groucho encabeza un movimiento: “Humoristas del mundo, uníos”.

Comento en la reunión que el matrimonio es un contrato civil, que consiste en el acuerdo de voluntades entre un hombre y una mujer para formar una comunidad de vida sobre la base del respeto y del apoyo mutuos y con la posibilidad de procrear hijos. Es un contrato solemne no porque requiera de música sacra sino porque tiene que hacerse ante un funcionario estatal. Mientras digo estas palabras pienso en la efervescencia social respecto de la definición del matrimonio; ahora se pugna para que puedan ser personas del mismo sexo las que se casen. Nada se dice todavía de que puedan procrear hijos pero la alternativa es la adopción; sin embargo estoy seguro que la lucha seguirá hasta que puedan hacerlo. Estoy convencido también que una vez derribada una barrera siguen las otras, ¿porqué solo dos personas si pueden ser tres o más? Si el matrimonio es social, ¿porqué limitarlo? Si ya aceptamos que sean dos padres o madres ¿qué oscuro prejuicio a derribar impide que haya matrimonios tribales de diez, veinte o hasta mas cónyuges?

No me distraigo. Continuo mis palabras ofreciendo algunos consejos de cómo lograr un matrimonio feliz. Espero sean útiles. El matrimonio es inflamable. Hay que entenderlo y aceptarlo. Lo ideal es evitar todo tipo de conflicto, estar listo para pedir perdón sin pedir permiso y posponer la lucha. Siempre estamos ante una paz dotada de fragilidad.

Primero me encuentro con unas reglas que redacto de mejor manera y luego paso, como ha sido mi vida reciente, a una receta para un matrimonio feliz en la que se requieren por lo menos veinte ingredientes. ¿Es cierta la receta? Por supuesto que sí, siempre y cuando se incorporen todos los ingredientes conductuales que se prescriben: amabilidad, consideración, delicadeza, confianza, fe, gentileza, arrepentimiento y sobre todo amor que impregna toda la receta.

Antonio Canchola Castro

canchol@prodigy.net.mx