Cuando Llueve en Juárez

Ahí estaba con el carro inundado el viernes alrededor de las 6 p.m. Después de muchos desvíos, más de cuatro horas dando vueltas, llegué a los cerrajeros en la calle Libertad. Era un río. Me atreví a pasar, pero fue imposible, entró el agua al carro, se apagaron las luces y en medio de la obscuridad y las olas de casi metro y medio me di cuenta que me había equivocado. Estaba en completa obscuridad con sólo el ruido de las olas a mis lado.

Crecí en La Chaveña, a dos cuadras de la escuela Francisco I. Madero. Ahí vivía mi abuelita. Ella creció en Miami, Arizona y durante la gran depresión en los mil novecientos veinte y después de la muerte de mi abuelo, tuvo que emigrar a México. Mis abuelos eran trabajadores del campo, recogían algodón. Mi abuela hablaba un inglés con acento de Inglaterra. Los maestros que le enseñaron eran misioneros y su acento no lo he escuchado por ningún lado.

Llegó a Ciudad Juárez a San José, donde se recogía el algodón. Siempre fueron pobres campesinos y después de algunos años compraron un cuarto que hicieron casa, donde viví casi la mayor parte de mi vida con mi mamá y mi abuela. No sabía lo pobre que éramos, nunca me faltó nada.

Mi madre trabajó en El Paso en las fábricas cociendo las bolsas de atrás de los pantalones de mezclilla. Cuando salí de la prepa me dijo que no fuera a la universidad y como le contesté que iba a ir al Community College, me dijo, "desde hoy te mantienes solo". No me quedó otra mas que trabajar desde los 17 años. Terminé mi bachillerato y ahora estoy en la maestría. He trabajado como programador, como educador, como maestro, y ahora estoy encargado de la integración de tecnología en la aulas.

Crucé el puente a Juárez para visitar a una amiga que me invitó al cine. Nunca llegué por los problemas viales. Juárez se convirtió en un río una vez más. Para mi, no era cosa extraña. Recuerdo ver el paso a desnivel siempre lleno cuando llovía. Recuerdo pasar el mercado de abastos con miedo a quedarme en medio de las olas negras llenas de basura. Recuerdo caminar y caminar en las calles sin luces y sin policías.

El pasado viernes, lo viví otra vez.

No es que me asuste o que me crea "gringo". Lo que me llena de coraje es que al pasar lo años las cosas siguen igual, sobre todo para mi querida Chaveña. ¿Cuántos gobernantes han pasado por el Estado, por la ciudad, por mi distrito? ¿Cuántas personas han tenido que abandonar la ciudad por el mal cuidado? ¿Qué futuro me esperaba si me hubiera quedado en mi colonia?

Si en lugar de ser yo hubiera sido un gringo el que visitaba a Cuidad Juárez el pasado viernes pensaría lo peor. Para colmo, de regreso a El Paso, me trataron mal y me dijeron que no podía pasar otra vez con mi acta de nacimiento que necesitaba pasaporte.

Cada vez que llueve en Juárez, se inunda.

Cada vez que llueve en Juárez se esconden los políticos.

Cada vez que llueve en Juárez, se quedan cientos de carros.

Cada vez que llueve en Juárez, se desaparece la policía y tránsito.

Cada vez que llueve en Juárez, me da coraje, me desespero, me lleno de tristeza y no sé que hacer...

Una señora y su hijo me empujaron.

Me imagino que ese fue su trabajo social toda la noche.

Gracias.