El punto final de Punto y Aparte

February 3, 2017

Esperando las lanchas que cruzan el lago, aprendí una palabra: dorénavant, que en francés quiere decir a partir de ahora. La repetí en voz baja: dorénavant. Cuando llegué a la otra orilla y me fui a mi casa, iba repitiendo dorénavant, dorénavant. Ese día supe que Punto y Aparte había cerrado después de treinta y ocho años. Pensé en Froylán Flores Cancela.

 

Este miércoles me enteré que dejaron de publicarse Política en Xalapa y el Diario del Sur en Acayucan, fundados por Ángel Leodegario Gutiérrez. Me acordé de una tarde de hace años cuando mi papá, que era su amigo, decidió pasar a saludarlo camino a Coatzacoalcos. Yayo estaba friendo un huevo para el arroz de su comida. Era un hombre que se reía.

 

Froylán, en cambio es serio, aunque no siempre. Y habla en voz baja, como quien piensa en voz alta, y sabe lo que dice y lo que hace. Lo que hizo a finales de los setenta fue llenar los vacíos que había en la prensa, y alentar géneros y estilos periodísticos que poco se conocían o se habían practicado poco en Veracruz.

 

(La revista que hicimos con Froylán abrió sus páginas a todas las voces desde el principio. La portada del primer número es una fotografía del doctor Héctor Castañeda Bringas en mil novecientos sesenta y ocho, caminando hacia la cárcel con un brazo enyesado. Tal vez fue el último de los comunistas propiamente dichos, un hombre que no vaciló nunca en entregar lo suyo a cambio de nada si con eso podía ayudar a un semejante. Vivió dignamente y murió dignamente. La Xalapa oficial lo ha olvidado.)

 

La Política de Yayo también miraba lo que otros no veían, y Yayo se reía de mucho y de muchos con carcajadas que iban más allá de la calle Revolución, y ponía dedos en llagas de lunes a viernes, y decía las cosas como eran. Como Punto y Aparte diez años antes, el periódico se convirtió en punto de referencia. Veracruz pierde con el cierre de estos medios.

 

Pero no se puede hacer otra cosa. Después de todo, los medios son empresas comerciales que necesitan ingresos para sobrevivir. Lo único que nos queda a quienes vivimos los días y los años de Punto y Aparte y Política (o el Diario del Sur) es la certeza de que hicimos el periodismo que hacía falta. Poco pueden decir ahora lo mismo.

 

¿Qué ha cambiado?

Llegamos así al día en que quienes manejan el Instituto de Pensiones en el nuevo gobierno anuncian que hay que vender edificios y propiedades para que la institución sobreviva. Lo mismo dijeron los duartistas.

 

Y el gobierno no ha pagado lo que debe, Javier Duarte sigue prófugo, ningún alto funcionario del gobierno duartista ha pisado ni siquiera un juzgado (Leonel Bustos fue un chivo expiatorio, como podría comprobar quien investigue su casa y sus propiedades), y todavía no se sabe si el secretario de Gobierno tiene cédula profesional.

 

Me voy a dormir con una palabra que me baila en la lengua: dorénavant. Y sí: el mundo tendría que ser distinto desde hace un par de meses. Y es, aunque no como uno quisiera. La cosa es triste.

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