Trump y la muerte de Estados Unidos

Russell Kirk, representante singular del pensamiento conservador en Norteamérica, empleaba algunas ideas de José Ortega y Gasset para evidenciar la continua decadencia en que se encontraban los Estados Unidos. En su esquema apocalíptico señalaba cuestiones como el multiculturalismo, la tecnocracia, la sociedad de consumo, la drogadicción, la mala educación, los mass media y la política. El conjunto de estas condiciones inhibía el valor de la tradición, historia y moral en la sociedad postindustrial estadounidense.

El mensaje de Donald Trump ante el Poder Legislativo de su país confirma el escenario de Russell Kirk. El presidente norteamericano no será capaz de realizar ninguna de las acciones que prometió porque carece de voluntad, inteligencia y moral. Como en el caso del presidente mexicano Vicente Fox, el de Trump, será un gobierno de palabras, amenazas, incoherencias y contradicciones. El primer gobierno nacional de alternancia en México sucumbió ante la frivolidad del poder. Carlos Fuentes expone en “La silla del Águila” cómo se transformó el proyecto de sociedad cristiana perfecta. Al parecer, bien pronto Donald Trump seguirá el mismo curso que su amigo Vicente Fox.

El “Desafío Hispano” que Samuel Huntington exponía como una agresión al orden civilizatorio anglosajón, en realidad, significa el problema del narcotráfico al interior de los Estados Unidos. A estas alturas, el gobierno norteamericano parece impotente para atender la situación. El narcotráfico detona problemas como la informalidad, desinstitucionalización, vacíos de poder, explotación, elites violentas y todo el caudal de patologías sanitarias que avanzan incontrolablemente en la unión americana.

Tenía razón el presidente norteamericano cuando mencionaba que los miembros de la clase política mexicana eran unos pillos. Lo han vuelto a hacer. Estados Unidos está en un proceso de mexicanización y Donald Trump ha decidido recular al entender la magnitud del problema que, administración tras administración, han dejado crecer.

Russell Kirk, así como Niall Ferguson, expone que Norteamérica, en comparación con Gran Bretaña, es incapaz de sobreponerse a una crisis civilizatoria. El papel voluble que tiene la administración de Donald Trump ha generado bastantes altibajos en el proyecto de gobierno que originalmente se había planteado. La ruptura del grupo dominante, la falta de comunicación entre los distintos niveles de administración pública, el empoderamiento de los gobiernos extranjeros adversos, la ambigüedad de la acciones y la falta de apoyo militar, han mostrado la soledad del presidente norteamericano.

La globalización seguirá su camino con la fuerza desbocada que la distingue hasta ahora. Los tecnócratas, financieros y narcotraficantes mexicanos pueden comenzar a tranquilizarse, Donald Trump no logra realizar los proyectos a los que se comprometió. Los discursos y tuits seguirán siendo estrambóticos para evidenciar los malos modales, arrogancia y xenofobia; nada más. El apoyo social de los WASP será una constante a lo largo de la administración norteamericana; empero, las instituciones y élites financiero-militar no están dispuestas a dar un golpe de timón para corregir el curso histórico de Estados Unidos y de la civilización occidental.

José Ortega y Gasset, así como la teoría crítica frankfurtiana, exponían el peligro masificador de la sociedad de consumo. Estados Unidos es el mejor ejemplo de ello y ahí se encuentra el verdadero riesgo para la civilización occidental. Probablemente la dirección hegemónica del mundo se corresponda con los países que decidieron modernizarse pero sin occidentalizarse. El riesgo para la humanidad radica en la tiranía que el materialismo económico exige.

 

 

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