El Cáncer de la Burocracia

Se habla mucho del costo que la corrupción representa para el país, pero muy poco se habla del inmenso costo que representa la burocracia para los ciudadanos. Poco se revisa por nuestros líderes políticos la necesidad de tener los enormes gobiernos que sufrimos los ciudadanos, que devoran literalmente los ingresos tributarios con las grandes nóminas existentes en las innumerables dependencias que prestan en realidad pocos servicios que benefician a los contribuyentes.

El Estado, como invención política, fue creado para esencialmente darnos dos servicios básicos: la seguridad y la justicia. Por desgracia, en México lo que menos tenemos es esa seguridad añorada y nuestra justicia deja mucho que desear.

También se habla que el Estado debe proporcionar salud y educación, pero tristemente vemos que la salud pública ha venido teniendo un enorme deterioro, principalmente en los servicios que brindan las dos principales instituciones de salud del país, el Instituto Mexicano del Seguro Social, que sufren los trabajadores asalariados y el ISSSTE, que se aplica a los burócratas federales.

En relación con los servicios educativos, que se comen gran parte del presupuesto, que son de baja calidad, tenemos estructuras burocráticas enormes para administrar los mismos, amén de los constantes conflictos políticos que genera el magisterio.

Pero una gran parte del cáncer de la burocracia, es la tramitología que se genera adentro y afuera del sistema. Hacia el interior de la administración pública, estamos llenos de requisitos inútiles y de estructuras jerárquicas que se crean, que lo único que hacen es impedir el desarrollo de los servicios que el gobierno debe prestar al ciudadano, debido a una plaga de revisiones, notificaciones, autorizaciones, formatos, minutas y registros, que lo único que hacen es impedir el ágil ejercicio de los procesos de gobierno que se supone deben generar bienestar a los ciudadanos, y el resultado que se obtiene, es la ineficiencia lentitud, ineficacia, altos costos y generación de burocracia, que deviene en una carga para el ciudadano.

Es por esto, que debemos de generar una profunda transformación en la estructura de nuestros gobiernos en sus tres niveles, que tenga una visión de fondo de los fines del gobierno y los métodos que se deben de utilizar para hacerlo eficiente.

Esta revisión debe, para empezar, romper con el paradigma político de tener oficinas de gobierno con enormes plantillas de personal, que haya una visión de que la sociedad civil debe desempeñar muchas de las tareas que ahora hace el gobierno, y no necesariamente con subsidio de fondos públicos, sino con dinero propio que el ciudadano privado pueda gastar, derivado de la liberación de cargas fiscales provocadas por una profunda reforma fiscal que tenga como visión el cambio de de lo que debe hacer el gobierno, para adelgazarlo a su más mínima expresión.

Esta visión debe de partir de un verdadero presupuesto "base cero", que empiece por analizar a fondo la necesidad de la existencia de múltiples dependencias y empleos gubernamentales. Este nuevo enfoque debe de considerar de que para la sociedad es mejor que la misma tenga más dinero en sus bolsas para hacer actividades productivas que generen riqueza y que hagan crecer la economía, provocando el emprendedurismo, la inversión y el empleo productivo, en contraposición de altos niveles de burocracia improductiva, que solo genera manipulación política, generación de poder caciquil en políticos sin escrúpulos, altos impuestos y déficits generados por altos niveles de deuda, que provocan crisis económicas y pobreza.

Sí, se tendrían que eliminar cientos de miles o quizás millones de trabajos a nivel nacional. Ello representaría, al principio. un alto costo de indemnizaciones y desempleo en el corto plazo, pero si ello se hace considerando una reforma fiscal y presupuestal a fondo, con un nuevo diseño de gobierno, estos empleos perdidos rápidamente se pueden recuperar con nuevos empleos, pero de los que generan riqueza y provocan un círculo virtuoso de prosperidad económica, con mayor inversión, productividad, competitividad, con menos corrupción porque hay menos gobierno, mayores libertades personales y económicas, que aumenten la competitividad, para atraer mayor inversión nacional y extranjera, que provoque una disminución de los niveles de pobreza y aumento en el bienestar de la sociedad.

Este debe ser el nuevo enfoque de nuestros gobiernos que se avecinan con las elecciones del 2018, y no en gobiernos trasnochados que quieren mayor intervención del Estado en la sociedad, con un equivocado afán de "distribuir la riqueza", a través de grandes cargas tributarias, y altos niveles de burocracia que se come al ciudadano como un gran Leviatán.

Para evitar esto, es necesario una gran participación de la sociedad civil en la vida pública, uno de los caminos para lograrla, es el del Gobierno Abierto, que con un trasfondo de transparencia y datos gubernamentales abiertos nos den el entorno necesario para que sociedad y gobierno trabajen en colaboración para romper estos paradigmas.