La muerte del PRI

November 23, 2017

 

Hace unos años realice un ejercicio con mis alumnos de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo sobre la muerte del PRI, estudiantes que batallaron contra la pequeñez de un funcionario enano que no dejaba crecer la imaginación. Mi aportación al mismo fue publicada como capítulo en el Libro. Democratización Mexicana. Un camino tortuoso.

La tesis central del ejercicio parte del aserto de que la democracia en México se alcanzará cuándo muera el PRI, o cuando pierda las elecciones. Los “analistas”, muchos orgánicos, o sea que trabajan para el poder, piensan en la analogía de que muerto el perro terminó la rabia, dicho que hay que tomar con cuidado, porque termina la rabia de ese perro, no la enfermedad y sería insensato lanzar un asesinato de perros en masa para desaparecer la rabia.

El PRI perdió pero no terminó el autoritarismo y la corrupción empeoró, al igual que se agravó la represión y la violación masiva de derechos humanos. Paradojicamente la alternancia causó más daño, tal vez porque ante la noción de que los partidos ya no pueden asegurar largas carreras, los políticos se avorazan con una actitud de arrasamiento.

Pero lo más grave. Aunque en temas de perros y rabia hay la necesidad de sacrificar al animal enfermo, en política, tratar de exterminar al partido enfermo de autoritarismo, clientelismo, asistencialismo y corrupción es una tesis totalmente anti democrática, además de que habría que eliminar a los existentes porque ninguno se salva de esos males endémicos a la política mexicana. Una limpieza generalizada podría ser un buen comienzo.

Volviendo a la tesis. Se supone que esos males son fatales (y de muy largo alcance), sino que la noción de exterminar al oponente es totalitaria (ejemplos sobran, Calles, Obregón, Stalin, Hitler, Mao, Pol Pot). La democracia comprende una convivencia entre opuestos y la derrota por medio de procesos legales, de tal forma que los derrotados de hoy pueden ser los triunfadores del mañana. La “democracia mexicana” supone que los derrotados de hoy son los cadáveres del mañana.

El PRI perdió pero siguió manejando al sistema político. No solamente por la falta de habilidad para gobernar de los que llegaron, sino por el manejo de las bases estructurales de la política y por la necesidad de los nuevos para aprender el “know how” de la corrupción y represión. Los panistas respetaron los feudos de corrupción de priistas destacados que les ayudaron a manejar el gobierno e hincharse los bolsillos.

Esa oposición que reemplazó al PRI aspiró a repetir la estadía de largo alcance en el poder e hicieron todo lo necesario para copiar el modelo. Crearon su propia burguesía utilizando los fondos del Estado incluténdose como socios y trataron de copiar la política de masas, pero lo único que pudieron hacer fue reciclar el asistencialismo y con muy pocos resultados. Se mantuvieron en el poder gracias al fraude electoral.

El nuevo personaje que debe morir para esos “analistas” es López Obrador, porque ha mostrado una fuerte resistencia a la prolongada y cara guerra sucia. Los represores al igual que los ladrones lo denominaron el peligro para México.

Cuando le argumenté a un diputado priista que Meade sería el segundo Zedillo, un hombre sin partido, sin compromiso político-ideológico –por poco que fuera- y sin deuda con las bases del partido, frunció el entrecejo y respondió: “no importa quién sea sino a quién no hay que dejar pasar: AMLO”. Aunque se haga sin recursos democráticos.

En las voces del coro, especialmente de la comentocracia, cuyas ligas con el poder se muestran cada día con mayor claridad, se aplaude la aberración del Pseudo Frente Ciudadano, porque deben derrotar al PRI y a López Obrador. Ya justificaran algunos politólogos lo democrático del planteamiento.

Cuando intento abrir un debate sobre las condiciones de AMLO lo único que escucho son adjetivos, de los cuales muchos le quedan mejor a los personeros del PRIANRD que hoy se confabulan para mantener el poder y sus frutos.

La democracia mexicana como la conocemos agoniza, en parte porque se alimenta de infundios, prejuicios y justificantes para prácticas anti democrática: acribillar al contrario en nombre de la democracia. Tal vez nos llevemos una sorpresa con el esperpento que anuncia el nacimiento de la nueva “democracia”, porque va llevada de la mano por los que aniquilaron lo poco de decencia y sensatez que acompañaba a la que se fue.

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