Dentro de cincuenta y tres millones de anuncios

Diario de un reportero

Pues ya hay candidatos a la presidencia. Andrés Manuel López Obrador por MoReNa, Ricardo Anaya por el PAN, Miguel Ángel Mancera por el PRD y José Antonio Meade por el PRI (en alianza con el PANAL, el PVEM y el PES), más los independientes Margarita Zavala y Jaime Rodríguez, si es que logran reunir las firmas que necesitan.

Uno de ellos (o ella) ocupará la presidencia dentro de cincuenta y tres millones de anuncios en la radio, la televisión, la prensa escrita, los muros y las azoteas, y las redes sociales. Y mientras el ruido pasa, los mexicanos (aunque no todos) trataremos de encontrar algo más en lo que digan o hayan dicho los candidatos. No será fácil.

Uno quisiera ver el proyecto que cada candidato tiene para que el país conozca la calma, y para que los mexicanos vivan menos mal. Y uno quisiera que cada candidato explicara en cada foro cada una de sus ideas para el gobierno que viene, y que todos pudieran preguntar, dudar, discrepar de cada candidato sin descalificarlo o coincidir con ideas sin distinción de partidos.

Pero no. Habrá dos monólogos. Uno será el de los discursos oficiales y otro será el de las redes sociales, que han tomado el lugar de la plaza pública y de los lavaderos y las cantinas con borracho parlante.

En las redes habrá estiércol político, que los inocentes y los maliciosos reproducirán en las redes sociales y otras partes para joder a alguien o para promover sus adversarios. Habrá mentiras, habrá medias verdades, habrá quienes crean todo lo que se publica y habrá quienes opinen sin saber y hablen sin tener mucho que decir.

Como es cada vez más común, la internet se llenará de los insultos y las mentiras que permite el anonimato, y el nivel de la discusión alcanzará nuevas profundidades mientras el país sufre y se desangra, víctima de la violencia y la corrupción.

Nada nuevo, pues. La grosería, el insulto, el odio, la intolerancia, la mentira y la ignorancia repetidas mil veces mil... En fin. En julio de hace dos años, en este mismo espacio, recordé a Arturo Uslar Pietri y un ensayo que escribió en El Universal de Caracas a mediados del siglo pasado, La Lengua Sucia, un ensayo que ilustra con brillante precisión lo que está pasando en las redes sociales –y otros medios– de nuestro tiempo. El escritor y periodista venezolano entonces advirtió sin titubeos:

"La palabrota que ensucia la lengua termina por ensuciar el espíritu. Quien habla como un patán, terminará por pensar como un patán y por obrar como un patán. Hay una estrecha e indisoluble relación entre la palabra, el pensamiento y la acción. No se puede pensar limpiamente, ni ejecutar con honradez lo que se expresa en los peores términos soeces (...) Es la palabra lo que crea el clima del pensamiento y las condiciones de la acción".

Y eso sigue siendo cierto. Carajo. No es el país que merecemos. O tal vez sí. De los discursos oficiales hablaremos otro día...

De caudillos

"Necesitamos un caudillo", dice en las redes sociales Renato. Hablé con él. Me contó lo que ha pasado, lo que está pasando: asesinatos, secuestros, extorsiones, amenazas, miedo, mucho miedo. "Lo que le hace falta a México es un hombre fuerte".

Pero ya no hay hombres fuertes ni caudillos como los que evoca mi amigo. Los caudillos que pasaron a la historia de México tomaron decisiones de vida y muerte para resolver muchos de los problemas del país en su tiempo: Hidalgo, Morelos, Juárez, Villa y Zapata, Carranza, Madero mismo, Díaz, Obregón, y si lo apuran a uno Calles. Hasta por ahí llega el rastro.

Tal vez el último personaje que tuvo ante sí la posibilidad de incendiar al país para que – de las cenizas de la corrupción y del abuso – naciera un nuevo México fue Cuauhtémoc Cárdenas. Pero el ingeniero no se atrevió a convocar a los mexicanos a tomar las armas.

"Nadie propuso la vía armada, nadie se preparó para tomar ese camino", explicó Cárdenas hace más de diez años en La Jornada (http://www.jornada.unam.mx/2004/04/02/022a1pol.php?fly=1). "Una revolución no se da por desplantes viscerales o por actitudes meramente voluntaristas. Una revolución se prepara, se miden posibilidades y consecuencias, y es entonces cuando se toman las decisiones".

Nadie se va a alzar en armas. Nadie va a encabezar un movimiento que sacuda la nación y la llene de sangre para cambiar las cosas, tal vez porque hay riesgo de que las cosas no cambien, como a fin de cuentas pasó en otras primaveras. Nadie se ha preparado para eso. La nueva revolución mexicana todavía no comienza. Cambiar un país no es fácil.