Deuda

Uno de los factores que ha anclado el despegue mexicano es la deuda. Desde los 1970s se ha instalado como el factor que sangra a la hacienda nacional y los gobiernos socializan la corrupción y las perdidas debidas a compromisos obscuros y abyectos pidiendo prestado del exterior.

A los gobernantes se les ha hecho fácil pedir prestado para financiar grandes proyectos, para suplir la falta de recursos por la mala política fiscal, o para tener de dónde robar a gusto. Han llegado al extremo de atraer bancos internacionales que se enriquecen con la deuda mexicana.

El endeudamiento puede resultar benéfico si se aplica de manera inteligente, de tal forma que ayude a crear la riqueza para pagar la deuda; pero como hemos visto en México, se usa para financiar el gasto y la corrupción, así que no solamente nunca generará los recursos para pagar, sino que crea un ciclo de pedir prestado para pagar lo que se debe. Esto el gobierno de Peña/Videgaray/Meade lo ha llevado a una dimensión que pone en peligro la estabilidad financiera y la posibilidad de lograr un crecimiento sostenido, por no hablar de desarrollo que no termina de llegar.

Meade le hablo al gran capital cuando dijo que se podía tener dinero en los paraísos fiscales y de inmediato, ante su destape el FMI respondió prestándole más dinero a México, se trata de que pueda hacer campaña sin el derrumbe del peso.

Estamos en una coyuntura delicada que ha sido anunciada por muchos. La crisis de la deuda está a punto de reventar aumentando los niveles de pobreza y disparando la criminalidad, porque lo único robusto que han creado los neoliberales ha sido al crimen, y la parte de la economía que le han entregado a sus patrones: minería, electricidad, petróleo.

Mala señal para el futuro de México cuándo el gobierno entrega la riqueza y pone el poder político al servicio del gran capital.