Claroscuros del 14 de julio

July 17, 2020

Divagaciones de la Manzana

 

Enmedio de esta horrenda temporada del coronavirus, que se alarga cada vez más, tuve presente la gesta heroica que cambió a nuestra civilización: la Revolución Francesa.

Ese 14 de julio de 1789 quedó en la historia de la humanidad, postulando valores tan elevados como libertad, igualdad y fraternidad que en buena medida todavía rigen el pensamiento actual.

Sin embargo, al adentramos más en ese movimiento social y averiguamos como se percibieron los derechos de la mujer. No sobreviene inevitablemente un desencanto, pues no sólo fueron descartados sino incluso bloquearon, además de que condenaron a muchas de las mujeres que apoyaron esas ideas desde sus inicios.

Justo un grupo de mujeres fueron las que tomaron las calles previas a la insurrección y protagonizaron las primeras escaramuzas, así como también quienes marcharon en octubre de ese año hacia el palacete de Versalles, para protestar contra el Rey por la pobreza y la marginación en que se encontraban.

Y fueron también mujeres las que, cuando se les prohibió participar en las asambleas políticas y hacer uso de la palabra, crearon los clubes femeninos donde se debatían ideas, leyes y propuestas que fueran los cimientos de la nueva sociedad. Ahí resalta la participación de Etta Palm que funda la Sociedad Patriótica y de Beneficencia de las amigas de la Verdad, en reclamo a que las niñas más pobres recibieran gratuitamente educación, y cuando ya mayores, tener el derecho a divorciarse, entre otras prerrogativas

La historia nos aporta otros nombres y casos muy concretos, que así lo comprueban lamentablemente.

Mencionemos uno más, de nivel ejemplar: Olympe de Gouges. Una verdadera heroína que hizo aportaciones invaluables. Se trata de la autora de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, fundamentos precursores del feminismo. Olympe, fue además, una destacada dramaturga y activista que pugnó por la igualdad de derechos entre hombres y mujeres, lo que la llevó enfrentarse a Robespierre, quien acabó por juzgarla y condenarla a morir en la guillotina.

Todavía a inicios del siglo XIX esa lucha por ser libres, iguales y fraternales, eran de beneficio exclusivos para los varones, mientras que las mujeres se mantenían restringidas y hasta amenazadas de arresto, de proseguir en sus intentos de participar e intervenir en las discusiones y como tal la vida pública de esos tiempos.

Queda pues nuestro reconocimiento a quienes elevaron y promulgaron valores tan preciados, sin olvidar que las mujeres no fueron valoradas e incluidas bajo esa concepción, y que tuvieron que esperar varias décadas y si me apuran un siglo, para empezar a hacer realidad la equidad de género, por la que todavía seguimos luchando en nuestros días, hasta que alcancemos su verdadera culminación.

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