Hermelinda

Puros cuentos

Temprano en la mañana Hermelinda abrió las persianas de su pequeño cuarto en el segundo piso de su casa solo para encandilarse el único ojo bueno que le quedaba porque en el otro tenía una nube. Como siguiendo un reflejo felino, Hermelinda súbitamente las vuelve a cerrar lo mismo que el ojo encandilado. Y aún con sus ojos cerrados Hermelinda seguía como viendo destellos luminosos que no se iban. Desesperada, se quiere encaminar sola al baño para echarse agua en el ojo iluminado, solo para irse tropezando con todo hasta que se cae de panza . Ya en el suelo, sus perros le empiezan a lamber la cara y uno dice: “...vieja panzona se merece esto y más”. Hermelinda: “¡...cállese!!...perro malagradecido ...antes diga que habla.!!!” furiosa. Comentario que desata la risa del resto de la jauría. Apagadas las risotadas, dos de los perros grandes la arrastran hasta el baño mordiendo su bata y le ayudan dándole una toalla que mojaron en el escusado. Hermelinda, ya asustada se la pone en el ojo encandilado y empieza a rezar algo raro y en un idioma más raro todavía. “..está invocando al diablo” susurra otro de los perros. Después de rato, no solo el diablo no aparece sino que tampoco su vista. Por lo que Hermelinda empieza a llorar y los perros de nuevo a reír. Hasta que otro dice: “Nos la deberíamos de comer ¿no creen?” Más risas caninas. “¡Cállense todos !! “ dijo uno de los perros grandes. Y agrega: “¿qué no se dan cuenta que ella es la única que nos puede revertir?” Lo que provoca todavía más risas pero nerviosas. Hermelinda: “Ok ...ok .....les prometo que si me ayudan ....yo les revierto” medio llorando. Y continúa:”....traigan el libro de pócimas para reversiones....el libro grande azul que está en mi sala de sesiones al lado de la cocina” Dos de los perros bajan a toda prisa en busca del libro azul. Ya en el cuarto de sesiones, se encuentran a los dos sapos negros que parecían gemelos y uno dice: “....¿qué hacen aquí?... ¿qué no saben que a la señora no le gusta que entren aquí?!?!” “Es que la vieja no solo se cayó...sino que tampoco puede ver por el ojo saltado que le queda ...y nos pidió ayuda” Uno de los sapos negros se infló y dijo “..¿ayuda?” incrédulo. “Si....ayuda “ refuerza el perro mientras veía el libro arriba en el librero. Agregando “....a cambio de revertirnos” Los dos sapos al oír esto se voltearon incrédulos a verse entre sí. Hermelinda siguió dando instrucciones: “....díganle al chango que vaya afuera y le ponga leña a la olla de fierro y la llene de agua regular hasta la mitad y que le eche dos chorritos de agua de lavanda con dos gotas de agua bendita...y apúrenle porque ya me está empezando a doler mi ojo” El chango se rehusaba a seguir las instrucciones que le dijeron los perros hasta que le explican la razón y dice: “..¿están seguros?” Mientras tanto los sapos y los perros correspondientes no podían bajar el libro de arriba hasta que le dicen al perico que de hecho ya hablaba desde antes y seguía en su estado natural para que les ayudara. En eso estaban, cuando suena que tocan la puerta de enfrente y Hermelinda dice para sus adentros: “....al fin”. La puerta nunca tenía seguro que porque decían que era de mala suerte por lo que el duende entra y oye: “¡Acá arriba en el baño!!” grita Hermelinda desesperada. Al llegar al baño el duende se sorprendió de encontrarse con perros por todos lados y dice con voz de enano: “....pero Hermelinda ¿en qué quedamos?!” A lo que responde con intuición: “...es que ninguno me ha pagado todavía” El duende encontró a Hermelinda acostada en el piso del baño con la toalla debajo de la cabeza que servía ahora de almohada y se mantenía con los ojos cerrados como si dormida y con sus manos cruzadas en su panza como si muerta. Los perros le abrieron paso al duende que de inmediato se quitó su saquito negro, se remangó su camisita blanca, se aflojó su corbatita y se dirigió al pequeño baño que para él se le hacía inmenso, sin olvidar su pequeño maletín también negro. El duende se arrodilló a un lado de la cabezota de Hermelinda, abrió el maletincillo y sacó un pomo azul que contenía algo como cera para bolear zapatos y dice: “....¿te arreglo también el ojo con la nube?” Hermelinda corta : “No ...porque después no me van a reconocer los clientes “ Por lo que el duende, le embarra la cera en el ojo encandilado y después de susurrar algo que no se oye dice: “listo....no te la quites hasta que se seque” Y agrega: “... bueno....yo me voy porque tengo todavía muchas cosas que hacer “ Hermelinda lo despide diciendo: “gracias Merlín....ahí nos vemos después en el sindicato” Yéndose Merlín, llega el chango sudando y pregunta: “Ya esta súper hirviendo el agua... ¿ahora qué sigue?” Hermelinda todavía tirada en el suelo dice: “Ahora, apaga la leña con que calentaste el agua con el agua que calentaste” en perfecta redundancia. “....y me avisas cuando se enfríe” termina. El chango sin perder tiempo se regresó al patio de atrás a terminar el segundo paso de la receta revertidora. Mientras que en el cuarto de sesiones el perro y los sapos gemelos seguían hojeando el libro azul asombrados de lo que podían hacer las fórmulas secretas. El perico enfadado dice: “Voy con Herme ....voy con Herme” y se va volando al baño a decir lo del libro. Hermelinda al oír al perico que dice “azul...azul… azul” dice: “¡Arrancanquensen por el libro!!” Inmediatamente varios perros bajan al cuarto de sesiones y dicen: “Órale que la vieja ya se dio cuenta que bajaron el libro” Y como no podían cargarlo ni morderlo por lo grueso que estaba, le hablan al chango para que ayudara con eso también. Ya todos ensimismados en la recámara de Hermelinda, se empezaron a pelear como perros por los lugares más cerca a la puerta del baño. Hermelinda yacía inmóvil con su libro de recetas a un lado y murmurando algo que nada más ella podía oír. El chango y los sapos gemelos fueron los primeros en quedarse dormidos, seguidos por todos los perros excepto el perico. El humo blanco soporífero que salió de la leña apagada con el agua cargada hizo el efecto deseado para que Hermelinda culminará la reversión prometida. Hermelinda, una vez que se quitó la cera seca del ojo bueno, se levantó y una vez que parpadeó varias veces para asegurarse de su visión única, abrió el libro azul en la página de las” Reversiones Generales”. Y sin voltear le dice al perico: “...a ver Cleto...veme trayendo las hojas de pirúl que están en la cocina arriba de la mesa” Eventualmente, después de múltiples viajes aéreos y entre los ronquidos perrunos, Cleto cumple con su misión mientras Hermelinda termina la mezcla de la pócima final usando crema para la cara, pasta de dientes y jabón aromático de baño. Y en un movimiento culminatorio, Hermelinda su fue uno por uno de los dormidos dándoles dos gotas de la mezcla diluida con orines de tarántula. Cansada de los hechos, Hermelinda se baña y estrenando un vestido del eterno azul que hacía juego con sus varices, se pone sus tenis y le dice a Cleto: “...bueno, ya me voy al sindicato...ahí te los encargo” Cuatro horas después, Hermelinda regresa chiflando y jugando con su bolsa de mano. Y al abrir la puerta de enfrente, se encuentra a todos esperándola. Los gemelos fueron los primeros en hablar. “...¿después que te ayudamos nos haces esto?!” casi como lamento. Hermelinda responde: “ ...para empezar...yo no tengo la culpa que sus familiares no me quieran pagar.... así que si ellos hacen como que me pagan...yo hago como que los revierto” Y es que si hubo reversión, sin embargo lo que pasó es que los perros se convirtieron en perras, las perras en perros, el chango en changa y con respecto a los sapos gemelos, uno se convirtió en el otro aunque sólo ellos sabían la diferencia. NIF