Agua de horchata

Lupita al oír los gritos callejeros agarró su monedero y salió muy salerosa de su casa para comprarle aguas a don Juanito el de la carreta. Una vez afuera, ve que don Juanito ya casi llegaba a la esquina, por lo que Lupita corrió alcanzarlo con su jarra vacía. “..híjole don Juanito casi no lo alcanzo” dice Lupita jadeando. Don Juanito con parsimonia: “...buenos días Lupita ¿....lo de siempre?” “No don Juanito....esta vez la señora quiere agua de horchata” “Híjole Lupita....de esa ya se me acabó...solo queda agua de limón y tamarindo” “...mmmmmm.. ¿y de Jamaica?” insiste. “...también se me acabó “ dice don Juanito con cierto pesimismo. “...y es que la otra vez la señora se sintió muy mal después que se tomó la de limón” como medio culpando. Don Juanito: “....mire mejor llévale otra vez la de limón...al cabo ya la corregí” dice orgulloso. Hizo una pausa y dice: “...bueno, ándele pues...total si no la quiere yo me la tomo” Lupita resignada y riéndose. Don Juanito abre el jarrón de vidrio correspondiente y mete su cucharón tratando de evitar los pedazos de hielo grises y desiguales. Terminada la maniobra, Lupita le paga a don Juanito y se encamina a toda prisa de regreso con su jarra llena, sin poder evitar que la siguieran unos perros callejeros o que se le tirara algo del agua en la calle. A mitad del camino, Lupita voltea para ver si le puede preguntar algo a don Juanito que se le olvidó, pero lo ve alejándose con el grito de: “..Aguas!!....Aguas!!....Aguas!!” A lo que Juanita pensó: “..a veces hasta se oye como advertencia.” En lo que reanuda su regreso, los perros empiezan a oler el agua de limón tirado y uno inmediatamente empieza a ladrar y los demás se retiran. Lupita llega a la casa de su patrona y explica lo que pasó con las aguas de don Juanito. A lo que doña Georgina dice: “...válgame Dios....bueno, si quieres deja la jarra en el refri y lo voy a pensar.” Lupita asiente con un movimiento dócil de cabeza y se encamina a la cocina. Mientras tanto don Gregorio esposo de doña Georgina le daba instrucciones imposibles a Julio el peluquero: “...no lo quiero ni muy corto ni muy largo ...así como que entre lacio y ondulado ...más bien entresacado y como lo traigo pero diferente”. Lupita entra a la cocina tapizada de mosaico azul brilloso y se dirige directo al refrigerador que estaba de su misma altura y lo abre. Lo primero que ve es la hielera y saca la placa de metal de hacer hielos y le pone del agua de limón “para ver a qué saben ya fríos” y después acomoda como puede la jarra entre la botella de leche y el queso. Julio el peluquero, sorprendido del resultado de su corte de pelo, decide distraer a don Gregorio con revistas atrevidas y pláticas amorfas. Doña Georgina se volvió a acostar y prendió la tele para ver la repetición de su novela preferida. Lupita empezó y terminó de barrer el patio de atrás y cuando empieza con el de enfrente, se percata de un perro muerto en la calle, con medio cuerpo en la banqueta y moscas a su alrededor. “Hahahahaha...ese chiste si que está bueno Julio” mientras le quitaban los cortes desiguales de pelo de los hombros de don Gregorio. Doña Georgina terminó quedándose dormida con el arrullo de la tele y de aprenderse de memoria las escenas dramáticas noveleras. Lupita espanta las moscas y se fija que el perro inerte tiene espuma verde en el hocico y que murió con los ojos abiertos. Julio el peluquero le quita la bata de peluquería a don Gregorio, no sin antes cortarle los pelos de la nariz, como detalle adicional sin costo. Ya de pie don Gregorio oye otro chiste pero de gallegos para tronar el siguiente paso de verse en el espejo. Julio siguió con sus faramallas y chistes distractores de diferentes colores ,hasta que don Gregorio se fue con su trasquilada gratis. Lupita empuja al perro muerto con la escoba hacia el arroyo que fluía entre la banqueta y la calle, arroyo que se lleva los restos caninos con todo y moscas. Terminada la faena al aire libre, Lupita se mete a la casa a preparar la comida mientras doña Georgina roncaba y don Gregorio se regresaba chiflando. Después de lavarse las manos Lupita saca las ollas de barro curado y empieza a cocinar arroz con pollo y asado de puerco. Y una vez que los olores culinarios invaden la casa, doña Georgina en su sopor, como que agarra aire en un suspiro profundo e inmediatamente empieza a soñar pesado. Don Gregorio se para a comprar cigarros y el periódico en la tiendita de la esquina, donde nadie nota nada porque traía su sombrero puesto. Don Gregorio finalmente entra a la casa todavía chiflando y Lupita en la cocina cantando su canción favorita. Don Gregorio después de quitarse su atuendo se dirige a su cuarto donde encuentra a doña Georgina hablando sola en sus sueños. Al entrar al baño don Gregorio solo oye: “...no Mario...aquí no” Georgina hablando dormida. Por lo que don Gregorio se voltea a ver si oye mejor y por lo mismo otra vez perdiendo la oportunidad de verse al espejo. Don Gregorio, lenta y sigilosamente se acerca al cuerpo roncante de Georgina a ver si oye más, pero en eso pisó al gato que aventó un chillido como de pito, despertando a la gorda que en lo que grita asustada, le termina agregando otro de más alto tono al ver el corte de pelo de don Gregorio. “...pero mira como te dejaron imbécil !!” dice Georgina después de tallarse los ojos. Cosa que eclipsó un reclamo celoso de parte de don Gregorio que finalmente se ve en el espejo solo para maldecir a Julio el peluquero. En lo que los dos siguen echando madres, se oye a Lupita: “...ya está!!!” Ya sentados en la mesa del comedor y don Gregorio de nuevo con su sombrero puesto le dice casualmente a Lupita que ponía la mesa: “...es que tengo frío” como poniéndose el saco. Los dos pidieron tomar agua de la llave con “mucho hielo por favor” y a ver si después probaban la de limón. Por lo que Lupita, habiéndosele olvidado ya lo de los hielos enlimonados por lo del perro muerto y demás, les sirve a los amos obedientemente. Los hielos estaban medio verdosos pero no se notaba mucho por las flores y ramas crudamente pintadas en los vasos. Además don Gregorio, sin soltar el hilo de los celos dice: “¿...quien es Mario?” lo que les quita su atención no solo en lo que están tomando sino en lo que estaban por comer. Doña Georgina en una maniobra evasiva dice: “¿..qué no deberías estar ahorita reclamándole al peluquero? ya evitando la mirada intensa de don Gregorio. Como queriendo contar hasta diez, don Gregorio le da el primer trago a su coraje y simultáneamente al agua hielosa como para agarrar más saliva para lo que viene. En eso entra Lupita con los platos con el asado y arroz que al ponerlos en sus respectivos lugares dice: “¿...algo más señora?” dirigiéndose a la que manda. “...no Lupita así está bien...te puedes ir a comer “ Lupita se retira obediente de nuevo a la cocina y mientras se sirve de comer lo que cocinó, se acuerda de los hielos verdes y se echa uno a su boca curiosa. Don Gregorio tomando un segundo trago, suspira y dice: “..te estoy preguntando.... ¿quién es Mario ?!” ya como exigiendo y tratando de reprimir décadas de abuso y humillaciones por parte de la Doña. Doña Georgina, sopesó sus alternativas, tomó tiempo y responde: “¿..pero de qué hablas?!” como sorprendida. Don Gregorio se vuelve a tirar al ruedo y dice: “....no te hagas... que lo mencionaste en tus sueños” Doña Georgina todavía no sabía que contestar cuando oyen un estruendo en la cocina, que los hace que se levanten y corran a ver que había pasado. Y resulta que Lupita con todo y el hielo en su boca se sintió marearse y al querer evitar su inevitable desmayo se agarró del mantel de plástico de la mesita de madera y se vino abajo con todo y platos. Los patrones se acercaron a revivirla y Lupita nomas balbuceaba en forma acuática por el hielo en disolución: “...mi niño....mi niño” Don Gregorio le empezó a echar aire con su sombrero mientras la doña se fue a traer las sales que tenía en su cuarto. Una vez solos, Lupita en el piso y medio viendo doble le dice a don Gregorio : “..le voy a poner como tú ...Goyito” Don Gregorio nada más sintió un calor en la espalda del coraje de doña Georgina, al haber oído las palabras reveladoras de Lupita, a quien también se le deslizaron las sales despertadoras de la mano haciendo un ruido como de arroz crudo cayendo al piso. Lívido, Don Gregorio se rehúsa a voltear ya paralizado en pánico total. Lupita, ya sentada en el piso dice: “...míralo....ahí está paradito” apuntando hacia la puerta de la cocina que daba al patio de atrás y disipando el coraje infiel. Don Gregorio voltea y ve como el niño les sonríe y saluda junto con un perro con ojos que no parpadeaban. Doña Georgina voltea pero no ve nada y se va a su cuarto en silencio. Lupita y don Gregorio se quedan en la cocina para después salir al patio a jugar con Goyito y el perro. Tres horas después. Lupita, acostada en un catre enseguida de la cama de los patrones y viendo la novela junto con Doña Georgina que se encontraba acostada en la cama mientras el trasquilado de su esposo le cortaba las uñas de los pies, dice: “...se me hace que en los hielos se concentró mucho el agua de limón” como diagnóstico. Doña Georgina: “...si...por eso yo no tomé nada porque la última vez me dolió mucho la cabeza y soñé feo” De repente Don Gregorio dice: “..yo creo que me voy a rapar” con resignación y sin que nadie hiciera un comentario. Mientras en la tele seguía el drama amoroso y se oye de la primera actriz: “....no Mario aquí no” “.... mejor dame el dinero después “ Doña Georgina: “...ya ves idiota ...eso es lo que estaba soñando “ Don Gregorio “....aaajumm” como si tosiera. Doña Georgina: “....por eso yo quería la de horchata, pero bueno “ dice crípticamente. En eso se oye afuera que gritan: “..Aguas!!!.... Aguas!!!....aquí están sus Aguas!!” Doña Georgina: “..córrele Lupita....a ver si esta vez Juanito trae la de horchata para alucinar todos juntos como la otra vez”. Agregando: “..y otra vez no se te olvide preguntarle que pasa si se toma un poquito de todas al mismo tiempo” Y de fondo: “....apúrese por que se acaban!!!” sentenció don Juanito. Aguas.