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Alejandro Armenta y la crisis de Morena en Puebla

Diego Martín Velázquez Caballero

Aun cuando el marinismo parecía desaparecer frente al ascenso del liderazgo de Rafael Moreno Valle, se preservó como una tendencia política vigente para el triunfo de Miguel Barbosa Huerta en las elecciones extraordinarias y, probablemente, en la designación de un candidato a modo, como parece representarlo Alejandro Armenta.

Alejandro Armenta vio fructificar su carrera política apegándose y defendiendo al grupo político de Mario Marín, quien buscaba desarrollar una carrera en búsqueda de la presidencia de la república. El escándalo del caso Lidia Cacho expuso las estructuras y mecánica de un poder oligárquico y corrupto que no ha podido desterrarse del estado de Puebla.

El apoyo económico, social y electoral del marinismo fue singular para el sostén del gobierno interino, así como para que Morena triunfara en las elecciones frente a Enrique Cárdenas y, Alejandro Armenta, como operador y artífice de Mario Marín, Javier López Zavala y Valentín Meneses, generó los consensos que hicieron funcionar el tradicional “voto verde” que se impuso en contra de Acción Nacional y legitimó al barbosismo.

Casi de inmediato Miguel Barbosa trató de deslindarse de la visión autoritaria y corrupta del grupo marinista, que ya comenzaba a significar un lastre para el gobierno estatal. El propio Armenta protagonizó conflictos que evidenciaban el lado oscuro del marinismo para desplazar a Barbosa del Poder Ejecutivo. A pesar de ello y de otros desacatos contemporáneos del marinismo con Barbosa, parece que el senador Armenta representa la vía para que el barbosismo y sus bases sociales construyan un proceso político capaz de confrontar al bartlismo y la todavía sobreviviente coalición PRIANRD.

El marinismo se encuentra vigente en la figura de Alejandro Armenta y dispuesto a generar una mecánica de alianzas caciquiles, migrantes, empresariales y priistas para que el poder regional del priismo histórico poblano se conserve. Por su parte, el partido de la Regenración Nacional no ha logrado generar una arquitectura institucional eficiente y el costo ha sido la tempestad de sus procesos internos estatales y nacionales así como la carencia de candidatos auténticos y comprometidos con la Cuarta Transformación para suceder el gobierno en el estado de Puebla.

La escasez del lopezobradorismo en Puebla ha permitido que la voluntad y fortuna de los cacicazgos regionales -como el marinismo- se impongan y demuestren el oficio político contra un gobierno de izquierda incompetente y la transición democrática local.

Los conflictos de Morena en Puebla destruyen la posibilidad de la permanencia del progresismo en la entidad y descubren el apetito de las facciones y partidos de oposición para alcanzar nuevamente la gubernatura. Puebla sigue con una transición política interrumpida y una estructura autoritaria digna del antiguo régimen, tal como lo supone la aspiración del Morenista más Marinista.

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