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Biden el socialista


Leticia Calderón


Hasta los analistas más progresistas quedaron sorprendidos con las propuestas que el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, repitió como parte de su discurso por los primeros 100 días de gobierno. Porque una cosa es prometer en campaña y otra es ratificar y enviar al Congreso asuntos polémicos que en breve tendrán que discutirse. Lo central del discurso es que los primeros 100 días de gobierno se presentaron como un gran éxito de la gestión presidencial demócrata. Una estrategia de vacunación masiva contra la COVID que no tiene precedentes ni comparativo con ningún otro país del mundo, reactivación de la economía nacional y contención de los grupos violentos de la oposición que incluso tomaron brevemente el Capitolio en Washington. Lo que siguió a este planteamiento general de lo que Biden llamó, “el regreso de Estados Unidos al liderazgo mundial”, fue un discurso que, si lo hubiera dado Barnie Sanders, no hubiera llamado tanto la atención, pero desde la lógica del estadounidense promedio, algunos de los postulados se acercan más a lo que en ese país catalogan como socialismo, que al capitalismo salvaje que tanto le recetan al resto del mundo.

Según Biden, el éxito al enfrentar la crisis por COVID, además de las vacunas, fue la ayuda directa a la población más necesitada que se pudo dar gracias al paquete económico de emergencia, y apoyos especiales a madres solteras y otros grupos vulnerables, a algunos de los cuales incluso se les surtió de comida, algo pocas veces visto en la sociedad estadounidense, dijo Biden conmovido. Pero lo que siguió en el discurso es lo que nos dejó a muchos con los ojos cuadrados como se dice coloquialmente. Ahora que los estadounidenses están a punto de domar la fiera de la COVID, los siguientes planes y medidas que anunció Biden van, desde echar a andar un plan millonario de inversión en infraestructura que dará empleo masivo, sobre todo a población que no requieren títulos universitarios, hasta impulsar el derecho a formar sindicatos de parte de los trabajadores en un escenario de ampliación del empleo. A la par, se busca que el Congreso apruebe el salario de 15 dólares la hora como mínimo y equiparar el salario entre hombres y mujeres, no como ideal sino legalmente establecido. Biden fue contundente “Nadie que trabaje 40 horas a la semana debe estar por debajo de la línea de la pobreza”.


Como lección extraída de la pandemia el presidente Biden confirmó la intención de ampliar programas sociales como el medicare y hacer permanente el Obama Care ya que “La sanidad debería ser un derecho no un privilegio”, y adicionalmente, propuso lanzar el programa de apoyo a las familias que busca paliar los estragos económicos que perduran a pesar de la vacunación masiva y del llamado a que quienes no se han vacunado aún, lo hagan. Para Biden otra lección que dejó la COVID fue la necesidad de volver a invertir más del 1% del P.I.B de ese país en la Ciencia e incrementar los años de educación gratuita que ofrece el estado con la idea de que sumen 2 años a nivel de primera infancia y 2 años posteriores al bachillerato (conocido como community college).

Además del discurso con tono triunfalista de los primeros 100 días de gobierno se anunciaron tres temas polémicos que van directamente el corazón de la identidad estadounidense y que seguramente levantarán grandes debates en ese país: proponer restricciones a la posesión de armas sin tocar la 2da enmienda que garantiza ese derecho casi sagrado para los estadounidense, el aumento de impuestos al 1% de las fortunas de los más ricos pero excluir de impuestos adicionales a quienes ganan menos de 400 mil dólares al año. A propósito de este tema, Biden enfático declaró: “La teoría del goteo económico nunca funcionó”. El último tema polémico fue el de la migración, sobre el que insistió en dejar la narrativa de guerra con el que se refiere el tema, avanzar con el proyecto jurídico que reconozca un tipo de residencia legal a 11 millones de personas que ya radican en EUA sin documentos. En caso de no avanzar en esta versión más ambiciosa de la reforma migratoria, Biden llamó a dar el estatus de residencia legal inmediata a los Dreamers -jóvenes inmigrantes que llegaron siendo niños a ese país-, a las personas que están bajo el estatus de protección temporal por cuestiones climáticas y por violencia, y a dar la ciudadanía a los trabajadores esenciales (sector agrícola) que son quienes dijo Biden “ponen la comida en nuestras mesas”. Estas propuestas se enviarán ahora a donde pueden hacerse realidad que es el Congreso, donde su aprobación se ve difícil porque los Demócratas no tienen la mayoría calificada, si la tuvieran, otro gallo cantaría.

Al final del discurso de Biden, la respuesta de los Republicanos fue muy dura pues cuestionaron incluso algunos de sus postulados detrás de las medidas que el presidente Biden propuso, señalándolas de antiamericanas y contrarias a la esencia del credo capitalista.

Lo interesante es que si ese discurso se hubiera dado en México también hubiera tenido detractores que hubieran descalificado esas propuestas por considerarlas populistas, porque parten de poner al Estado al centro de la regulación social, buscar minar la desigualdad extrema y generar condiciones para que los desposeídos se integren a la sociedad a través de mecanismos de transferencias financieras directas y programas sociales. Además, algunos “intelectuales” mexicanos habrían calificado de mesiánico a Biden cuando al final de su discurso citó al pueblo siete veces, haciendo alusión a la propia Constitución de Estados Unidos e insistiendo en que gobierno y pueblo son uno mismo.





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